ARISHA Me muevo por la cocina en un silencio mecánico, haciendo una nota mental de lo que falta en la alacena. He estado cocinando para Darko todos estos días y a veces pienso que, en otra vida, el hombre debió morir de hambre; parece un agujero n***o que nada logra saciar. Supongo que un cuerpo de ese tamaño necesita combustible constante para mantener a la bestia a raya. Miro el móvil cada pocos segundos, esperando la respuesta a mi último mensaje. Frunzo el ceño; no es propio de él, Darko siempre me responde al instante, como si estuviera pegado al teléfono solo por si yo lo necesito. Suspiro y me masajeo el centro del pecho, tratando de calmar la ansiedad que ha empezado a trepar por mi garganta. Las pesadillas son cada vez más constantes, tanto las mías como las suyas, y esta sensac

