DARKO Observo a Travix y a Sergei sentados en un sofá de cuero desgastado que preside la pequeña sala de seguridad de esta bodega. No es el hangar más grande de mi arsenal, pero es, sin duda, uno de los más seguros. He desplegado tres anillos de seguridad; mis hombres patrullan el perímetro con el dedo pegado al gatillo. Nikola sigue en el dique seco, recuperándose de sus heridas mientras intenta, desde la distancia, supervisar al mexicano y cuidar las faldas de su hermana. Sé que tiene demasiado peso sobre los hombros, pero por más que he intentado que dé un paso atrás para sanar, se niega en redondo a soltar el mando. Doy pequeños golpecitos rítmicos con la yema de mis dedos enguantados sobre la mesa de madera rústica. Ya hemos puesto en sobreaviso a Mattia, Eros, Vladislau y Koji sobr

