AGUSTÍN Un día antes del rito. —¡No lo golpees más! —el grito de Tiana rasga el aire viciado de la cueva. Agacho la cabeza, permitiendo que el mentón toque mi pecho, y aprieto los dientes para procesar el incendio que se extiende por mi espalda hasta la punta de los pies. Llevo dos días habitando este ciclo de impactos. Me he propuesto como objetivo desviar la fijeza del arzobispo únicamente hacia mi cuerpo; es una táctica de distracción meticulosa. Así me aseguro de que no toque lo que me pertenece —es decir, a Vuk y a Tiana—. Tampoco me agradaría que dañaran la integridad de Derek, pues aunque sé que él posee el rigor necesario para soportar este tipo de castigos, prefiero ser yo el sacrificio. Si yo absorbo el daño, él puede mantener el orden y cuidar de Tiana, de los gemelos y de Vu

