VUK Me obligo a no derramar ni una sola lágrima. Me limpio el rostro cuando el líquido cálido y pegajoso se escurre por mi mejilla, se mezcla con el sabor salado de mi boca. El capellán Clark se sube la cremallera del pantalón, sus manos se mueven con una tranquilidad perturbadora. Su sonrisa se expande en su rostro, una mueca que no tiene ni un atisbo de piedad. —Eres un cordero inmaculado, Vuk —dice, acariciando mi rostro con los nudillos. La frialdad de su toque me hace sentir su repulsiva superioridad. —Y para ser digno del cielo, debes aprender la lección más grande que incluso nuestro Señor tuvo que aceptar. No temas el dolor, es la prueba del amor. El aliento me quema en la garganta. Me aprieto los dientes con fuerza y bajo la cabeza, tratando de evitar que la ira salga dispara

