DARKO Seis días antes del rito. La cabeza me pesa como si estuviera llena de plomo fundido. Tengo la garganta tan seca que me arde al intentar tragar y cada músculo de mi cuerpo late con un dolor sordo, como si un camión de carga me hubiera pasado por encima y luego hubiera dado marcha atrás para rematarme. El calor en este lugar es sofocante, una masa densa y húmeda que me baña en un sudor pegajoso. Siento la mente envuelta en una neblina espesa; mis pulmones luchan por extraer oxígeno de un aire que sabe a polvo y encierro. Un pitido agudo, casi doloroso, me taladra los oídos, anulando cualquier otro sonido. Intento moverme, pero el frío del metal me muerde las muñecas. Trato de estirar las piernas y el tintineo de los grilletes me devuelve a una realidad brutal. Abro los ojos de golp

