Un secreto mortal

2108 Palabras

Todos guardamos siempre un secreto. Y ese secreto puede salvarnos o condenarnos en el momento que menos te lo esperas. Aquello que estaba ocurriendo en mi vida, era algo realmente placentero. Aún cuando Fausto no mostraba ser afectuoso en la mayoría de nuestros encuentros, podía ver y sentir su piel erizada cuando mis labios se posaban sobre su pecho. Sabía que existía una coraza que había creado para protegerse del dolor. Yo quería descubrir al verdadero Fausto al de la sonrisa encantadora, al de ojos tristes al de piel ardiente. Esa tarde, llegué un poco antes, él me había dejado oculta la llave detrás del cuadro, que colgaba en el lado izquierdo de la pared con la frase “Bienvenida”. Abrí la puerta, entre y fui hasta la habitación de placer. Allí estaba como habituada hacer el

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