XXVIIIÁ la mañana siguiente, Villaamil celebró con su mujer, cuando ésta volvió de la compra, una conferencia interesante. Estaba él en su despacho escribiendo cartas, y al sentir entrar á su costilla, siseó con misterio, y encerrándose con ella, le dijo: «De esto, ni una palabra á Víctor, que es muy perro y me puede parar el golpe. Aunque yo nada espero, he dado ayer algunos pasos. Me apoya un diputado de mucho empuje... Hablamos anoche largamente. Te diré, para que lo sepas todo, que me presentó á él mi amigo La Caña. Le relaté mis antecedentes, y se admiró de que me tuvieran cesante. Así como quien no quiere la cosa, le expuse mis ideas sobre Hacienda, y mira tú qué casualidad: son las mismas que tiene él. Piensa igualito que yo. Que deben ensayarse nuevas maneras de tributación, tirand

