XXIXPor un instante, Cadalsito no vió ante sí cosa alguna. Todo tinieblas, vacío, silencio. Al poco rato aparecióse enfrente el Señor, sentado, ¿pero dónde? Tras de él había algo como nubes, una masa blanca, luminosa, que oscilaba con ondulaciones semejantes á las del humo. El Señor estaba serio. Miró á Luis, y Luis á él en espera de que le dijese algo. Había pasado mucho tiempo desde que le vió por última vez, y el respeto era mayor que nunca. —El caballero para quien trajiste la carta—dijo el Padre,—no te ha contestado todavía. La leyó y se la guardó en el bolsillo. Luego te contestará. Le he dicho que te dé un sí como una casa. Pero no sé si se acordará. Ahora está hablando por los codos. —Hablando—repitió Luis;—¿y qué dice? —Muchas cosas, hombre, muchas que tú no entiendes—replicó e

