Celos ridículos

1435 Palabras
Barcelona amaneció cubierta por un calor pesado y un cielo grisáceo que parecía aplastar todavía más la tensión dentro del paddock. Desde temprano, periodistas y camarógrafos ocupaban cada rincón intentando conseguir alguna declaración sobre el supuesto sabotaje en Moreau Racing. El departamento de prensa llevaba horas funcionando al borde del colapso y Valentina empezaba a sentir que todo el fin de semana dependía de mantener a la prensa distraída el tiempo suficiente para evitar otro desastre. Estaba revisando titulares frente a una de las pantallas del hospitality cuando una carpeta cayó sobre la mesa frente a ella. —Esto ya dejó de ser una crisis normal. Valentina levantó la vista y Olivia Bennett tomó asiento frente a ella con un café en una mano y el teléfono en la otra. Olivia llevaba varios años trabajando dentro de la Fórmula 1 y se notaba incluso en la manera en que se movía por el paddock: rápida, segura, completamente acostumbrada al caos permanente del lugar. Era rubia, de facciones suaves y mirada despierta, con esa clase de energía extrovertida que lograba sobrevivir incluso después de noches sin dormir. Tenía el humor afilado de alguien que pasaba demasiado tiempo apagando incendios mediáticos y una habilidad irritante para detectar cosas que los demás intentaban ocultar. Valentina había conectado con ella casi inmediatamente desde que llegó al equipo. Tal vez porque Olivia era de las pocas personas allí dentro que todavía parecían humanas. —¿Tan mal está? —preguntó Valentina. Olivia soltó una risa incrédula mientras deslizaba el teléfono hacia ella. —Hay teorías conspirativas por todas partes. Mira esto. Los titulares se multiplicaban uno detrás de otro. “¿Sabotaje dentro de Moreau Racing?” “Dante Moreau pierde el control.” “¿Qué ocurrió realmente en Mónaco?” Y, una vez más, el nombre de Luca Bianchi aparecía mezclado entre cada artículo. Valentina abrió una de las publicaciones. Una fotografía antigua llenó la pantalla: Dante y Luca cubiertos de grasa y polvo después de una carrera de karting, riéndose como dos adolescentes incapaces de imaginar todo lo que vendría después. La imagen le produjo una sensación extraña. Dante parecía distinto ahí. Más joven, sí, pero también más liviano. No había tensión en sus hombros ni esa oscuridad constante detrás de los ojos. Solo felicidad despreocupada. Valentina se quedó observando la foto algunos segundos más de lo necesario. —Es raro verlo así, ¿no? —murmuró Olivia. Ella levantó apenas la vista. —¿Así cómo? —Normal. Valentina no respondió enseguida porque entendía perfectamente lo que Olivia quería decir. Todo el paddock había convertido a Dante Moreau en un personaje. El piloto arrogante. El problema constante. El hombre imposible. Pero cuanto más tiempo pasaba cerca de él lejos de las cámaras, más evidente se volvía que había algo mucho más complicado detrás de toda aquella imagen. —Los patrocinadores están entrando en pánico —continuó Olivia mientras abría otra carpeta— Y Dante está peor. Como si lo hubiera invocado, la puerta del hospitality se abrió bruscamente. Dante entró acompañado por dos ingenieros mientras discutía en voz baja. La tensión llegó con él antes incluso de que hablara. —No voy a cancelar la carrera. —La FIA recomienda precaución —insistió uno de los ingenieros. —La FIA puede irse al infierno. Varios empleados levantaron la vista apenas un segundo antes de volver rápidamente al trabajo. Un asistente dejó caer unos papeles del susto y el ruido pareció resonar demasiado fuerte dentro del salón. Nadie quería quedar atrapado cerca de Dante cuando estaba así. Él siguió avanzando mientras el ingeniero intentaba seguirle el ritmo. —Solo quieren protegerte. —No necesito protección. La respuesta salió demasiado rápida, demasiado tensa. Dante pareció darse cuenta inmediatamente porque cerró los ojos un segundo y pasó una mano por el cabello oscuro con evidente agotamiento. Valentina alcanzó a notar algo incómodo en eso. No parecía enojo solamente. Parecía cansancio acumulado durante demasiado tiempo. Dante siguió caminando hasta que sus ojos encontraron los de ella. Se detuvo apenas un instante y otra vez Valentina tuvo aquella sensación extraña de que él siempre terminaba buscándola entre toda la gente. —Necesitamos hablar. Olivia levantó ambas cejas inmediatamente. Valentina ignoró deliberadamente la expresión divertida de su compañera y se puso de pie. —No empieces —murmuró al pasar junto a ella. —Yo no dije nada. Eso era peor. Valentina siguió a Dante hacia uno de los corredores laterales del paddock, lejos del ruido principal del hospitality. Allí solo llegaba el eco distante de motores y radios de equipo mezclado con el calor sofocante de Barcelona. —¿Qué pasa? —preguntó ella apenas se detuvieron. Dante observó automáticamente alrededor antes de responder, revisando cámaras, accesos, personas entrando y saliendo del corredor. Valentina ya empezaba a notar que hacía eso constantemente. —Quiero que evites hablar con periodistas estos días. Ella frunció el ceño. —Eso literalmente es mi trabajo. —Lo sé. —Entonces no entiendo qué intentas decir. Dante sostuvo su mirada unos segundos antes de responder. —Si alguien realmente está detrás de esto, podrían intentar acercarse a través del equipo. Valentina cruzó los brazos. —¿Ahora también soy parte de tu paranoia? La frase salió más dura de lo que pretendía. Dante mantuvo la mirada fija en ella. —No estoy paranoico. Los dos sabían que sí. Valentina observó otra vez cómo sus ojos recorrían el corredor automáticamente, atentos a cualquier movimiento. —No puedes controlar todo lo que ocurre a tu alrededor —dijo finalmente. Dante soltó una pequeña risa sin humor. —Aprendí eso demasiado tarde. Aquello quedó suspendido entre ambos unos segundos. Por un instante ya no parecía el piloto famoso rodeado de escándalos; parecía alguien genuinamente perseguido por algo que todavía no terminaba de alcanzarlo. Antes de que Valentina pudiera responder, varias voces emocionadas interrumpieron el momento. —¡Dante! Un pequeño grupo de fanáticas apareció junto a las barreras de seguridad. Todas llevaban gorras negras del equipo y una de ellas parecía estar temblando de nervios. —¿Podemos tomarnos una foto? Valentina esperaba que él siguiera caminando. En cambio, Dante se acercó. No sonrió demasiado, nunca parecía hacerlo, pero se quedó varios minutos firmando autógrafos y aceptando fotografías con una paciencia inesperada. Una de las chicas incluso comenzó a llorar apenas él tomó el marcador. —Perdón —dijo nerviosa— Te admiro desde hace años. Dante pareció incómodo inmediatamente, casi desorientado frente a ese tipo de emociones. —No llores —murmuró mientras le devolvía una gorra firmada. La chica soltó una pequeña risa avergonzada. Valentina observó la escena completamente desconcertada porque aquella versión de él no coincidía en absoluto con el hombre frío que aparecía constantemente frente a la prensa. Cerca de los fanáticos parecía más callado, incluso un poco tímido a veces, y eso solo hacía todo más confuso. Entonces notó a una mujer acercándose. Alta, rubia, perfectamente maquillada y demasiado segura de sí misma. Caminaba como alguien acostumbrado a recibir atención apenas entraba a una habitación. Dante la reconoció inmediatamente. —Sofía. La mujer se acercó para besarlo en la mejilla con una familiaridad que a Valentina le desagradó de forma completamente irracional. —Cuánto tiempo —dijo Sofía sonriendo —Vi las noticias. ¿Estás bien? —Sigo vivo. Ella soltó una risa suave, demasiado cómoda junto a él. Valentina apartó la vista hacia el paddock intentando ignorar la molestia absurda que comenzaba a crecerle en el pecho. No tenía ningún derecho a sentirse así. Dante podía salir con quien quisiera, besar a quien quisiera y probablemente lo hacía. Entonces escuchó la voz divertida de Olivia apareciendo junto a ella. —Oh, esto sí se puso interesante. —Cállate. Olivia soltó una risa baja. —Literalmente ni siquiera puedes mirarlos. —Porque me da igual. —Claro. Valentina tomó una botella de agua solo para hacer algo con las manos. Odiaba sentirse así, especialmente por Dante Moreau, porque él era complicado, arrogante, emocionalmente caótico y probablemente el peor hombre posible para involucrarse. Entonces ¿por qué seguía buscándolo con la mirada cada pocos segundos? Olivia observó la escena un momento más antes de sonreír lentamente. —Ahora entiendo. —No entiendes nada. —Por supuesto. Valentina la fulminó con la mirada. —No me interesa Dante. —Perfecto. —Olivia. —Relájate, no estoy juzgándote. —No estoy celosa. Olivia sonrió todavía más. —Nunca dije eso. Valentina abrió la boca para responder, pero en ese mismo instante Dante volvió la cabeza y sus ojos fueron directamente hacia ella y eso solo empeoró todo.
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