Me cansé de andar victimizándome, al fin y al cabo nadie tenía la culpa de mis desgracias ;solo yo y mis malas decisiones, en este caso mi criterio espantoso para elegir amigos, tampoco era una princesita en apuros para andar llorando por los rincones y mucho menos una santa que no merecía los palos que le daba la vida, estaba consciente de lo mal que había hecho algunas cosas y segura de que seguiría haciéndolo peor.
Decidí regresar a la normalidad, tratar de encontrar cosas que me gustaran y cambiar mi actitud hacia el resto y el sábado por la noche como de costumbre estaba entrando al club.
―Mari ¡Te extrañé! ―gritó Miken eufórico por volverme a ver.
―Serás sin vergüenza, tanto me extrañaste pero no me llamaste.
―Jajajaja, es verdad, estoy trabajando, casi no tengo tiempo. No te pongas brava conmigo.
―Marina al fin te veo, ya te extrañaba ―. ¡Que palabras para pesar en mi corazón! Viniendo de esa boca cautivadora y mirada hipnótica.
Él tenía el poder de hacerme dudar con solo aparecer, me gustaba todo de él, su forma de andar, de hablar, su olor, la energía que desprendía, hace tiempo mi atracción hacia él había trascendido lo físico para volverse mucho más profundo y la vez más doloroso, sabía que sería difícil encontrar otra persona con la que pudiese sentir algo así y lo estaba dejando ir en nombre de algo que dejaba de atesorar cada día más.
La pasé como de costumbre con ellos dos, la diversión estaba asegurada en su compañía y Enzo en especial se encargó de hacerme reír toda la noche, la química entre nosotros era palpable, no la podíamos esconder y surgía sola, sin darnos cuenta nos volvíamos más cercanos con cada encuentro, entrabamos cada vez más en confianza y eso abría una etapa más abierta en nuestra amistad.
―Mari, tu conoces a aquella chica ¿no?―me preguntó Enzo
―Si, es alguien con la que suelo salir.¿Por qué me preguntas?
―¿Por qué va a ser?―dijo riéndose ― Porque me gusta, ayúdame con eso ahí por favor.
―A veces no te entiendo.¿Como puedes pedirme algo así a mi? El nivel de descaro tuyo no tiene límites. ― respondí furiosa a su petición, mis orejas ardían y sentía mi rostro rojo, perdí el control muscular de mi cara, una ola de calor recorría mi cuerpo desde las piernas hasta el estómago y una lágrima amenazaba por salir.
―¿Qué te pasa? Él que no logra entenderte soy yo. ¿Cuál es el problema? ¡Ocho! Ocho meses llevas de cupido, detrás de mi para ayudar a Nadia, pero ahora que yo te lo pido, reaccionas como si fuese lo peor del mundo. Explícame, porque yo si necesito saber que esta pasando por tu mente― replicó con una mezcla de confusión, molestia y alguna sonrisa.
No me podía creer que estaba teniendo un ataque de celos tan infantil como peligroso en ese preciso momento, estaba en una posición de riesgo y tenía que salir de ella como sea.
―Por eso mismo― reaccioné rápido― ¿Si sabes perfectamente que llevo ocho meses detrás de ti para ayudar a Nadia, cómo se te ocurre pedirme eso?
―¿Estas segura de que es eso lo que te pasa señorita?
―Claro. ¿ Qué otra cosa puede ser?
Él se detuvo antes de contestar, apretó los labios y comenzó a caminar hacia mí. Mi corazón reconoció sus movimientos y aceleró su bombeo, mis manos temblaban, casi no sentía mis piernas y todo empeoraba mientras más cerca estaba, llegó a mi oído y me susurró.
―No sé, pero yo quiero creer que estabas celosa.
Podía sentir todas las células de mi cuerpo colpasar, había una guerra dentro de mi, pero no podía dejar que nadie lo notará.
―¿Que?― dije mientras lo empujé intentando salvarme de una muerte prematura por infarto. ―No te equivoques, tu eres solo un amigo y te veo como tal.
―Si tu lo dices― se volvió a acercar posando sus labios en mi oído nuevamente. ―No se porqué pero siento que pronto lo dejaremos de ser― musitó con una sonrisa tímida y se marchó dejándome mareada y fuera de mi.
Me marché, previendo tener un ataque de sinceridad y terminar confesando mis sentimientos. No pude dormir esa noche entre la vergüenza, la alegría de tenerlo tan cerca y el miedo a todo lo que él me hacía sentir. Sus palabras y su aliento habían causado estragos irreparables en mi.
Una semana después estaba frente el anuncio de la clasificación general de la secundaria, me tapé los ojos nerviosa, arrepintiéndome de no haber estudiado en esos tres años, tenia que quedar dentro de los primeros cien para poder entrar a la escuela que necesitaba y esa mañana no tenia mucha confianza. Respiré, me quité las manos de la cara y vi con asombro.
―¡Doce!―grité victoriosa. ― soy una genio
Salí caminado contenta dando brinquitos de éxito cuando me encontré a Nadia.
―Ehhh la flaca. ¿Por que no te vi el sábado?― saludé y me senté a su lado.
―Verdad, no te había contado, no te quise hacer sentir mal pero nos fuimos todas para una villa vacacional.
―Que rico, seguro la pasaron súper― mi hipocresía habló por mi, porque siendo sincera si me dolió que todas mis amigas y conocidas se fueron juntas a divertirse y a mi me dejaron deliberadamente afuera, pero no se lo demostraría ni a ella ni a nadie.
―Este fin de semana también vamos, lo siento no podré salir contigo― me dijo y me sonó casi a burla.
―No te preocupas mi vida―respondí y me levanté sacudiéndome el polvo de mi falda― yo voy a salir con Enzo.
Casi logra acabar con mi estado de animo, pero estaba muy contenta y la escupida de veneno que acababa de dar me sirvió de escudo, seguí caminado mientras suspiraba llena de vida.
Este verano promete.