Extasis peligroso

1241 Palabras
Como yo era una dama de palabra desde joven , quedé con Enzo para salir juntos el primer fin de semana del verano, eso sí, como amigos,aunque yo estaba molesta con Nadia no iba a actuar en su contra pero casi como un reflejo involuntario me arreglé lo mas hermosa que pude para no pasar desapercibida delante de sus ojos, mi ser racional no quería aceptar la realidad y luchaba cada día por reprimir mis deseos: Quería que el me notase, que se enamorara de mi y que algún milagro ocurriese, lo mas primitivo de mi persona atentaba contra mi racionalidad y me hacia perder la cabeza en momentos como ese, al final me puse un vestido rojo corto, con un escote en la espalda que me llegaba al trasero y acentuaba mi cintura pequeña y mis caderas bien formadas, los combiné con unos zapatos de tacón estratosféricamente altos en dorado y accesorios de este mismo color, un smoky eyes y pinté mis labios rojos. Lancé un beso al espejo y salí lista para al menos dejarlo con la boca abierta, tenia una guerra interna con la cual tendría que lidiar y muy bien no me estaba yendo. Apenas llegué me topé con él y me puse nerviosa nada más verlo, las piernas me temblaban y pasé trabajo para caminar en los tacones, él andaba con un grupo de gente, entre ellos tres chicas actuando de forma muy cercana y en especial una de pelo castaño y delgada, yo los miraba desde la distancia un poco timada y arrepintiéndome de vestirme como estaba, él al verme dejó de inmediato el grupo y fue a mi encuentro. ―¿No pudiste vestirte un poco más tapada? ¿No ves como los hombres te miran? Yo solo sonreí y negué con mi cabeza con una mezcla de incredibilidad y alegría. ¿Estaba celoso? ―No te rías, estoy siendo serio. ¿Viniste sola? ―Buenas noches―dije sin poder parar de sonreir.―si, vine sola. ―¿Andas sola y vestida así? Ven para acá con nosotros, Miken esta allí por favor no te separes de él, siento que alguien te podría raptar, tu no mides las consecuencias. ―¿Las consecuencias de qué exactamente? ―¿Tu no tienes espejo? ¿ En serio tu crees producente salir asi?Estas muy... ―¿Muy que? ―Olvídalo, vamos― y me agarró para llevarme al grupo. Miré nuestras manos y lo sentía como un sueño tan peligroso como irreal. ―Miken― le grité a mi amigo y lo fui a abrazar. ―¿Ella quien es?―pregunta una de las chicas. ―Es una amiga nuestra― respondió el haciéndome regresar a la realidad. Somos amigos. Todos me acogieron y estuvimos bailando por un buen rato. ―Vamos a hacer una competencia―dijo uno de los chicos del grupo muy emocionado. ―Por mi esta bien, pero ¿De que trata ?― Pregunté. ―La pareja que baile más sexy gana y le compramos tres rondas de lo que quieran. Al momento los cuatro chicos nuevos quisieron bailar conmigo y yo estaba bien con eso, pero en medio de aquel ambiente oscuro Enzo me tomó del brazo con rudeza y me arrastró hasta quedar piel con piel. ―Ella baila conmigo, para eso es mi amiga, no confío en ninguno de ustedes. ― Mejor bailo con otro. ¡Contigo no!― Dije siendo consciente de lo mal que podría salir eso. ―Has lo que te de la gana―. respondió molesto. Empecé a bailar con un desconocido y era divertido pero para nada sexy, hasta que escuché ―¡Cambio! ¿Pero bueno, eso estaba en las reglas? Todo estaba oscuro y el ambiente en sí era caliente entre la multitud borracha y exaltada como es costumbre en las noches de un sábado veraniego. Sentí su mano tensa en mi cintura y me dio vuelta para quedar de frente y vernos a los ojos, caí en picada dentro de ellos y me dejé llevar por mi mas íntimos deseos; así empezamos a bailar, nos movíamos coordinados, como si conociéramos de memoria nuestros cuerpos, el metió una de sus piernas entre las mías, yo me aferré a sus hombros con fuerza, sentía su respiración alterada, su corazón latía como un loco y yo creía que iba a morir, nuestros sudores se mezclaban y yo quería beberlos de un beso, él y me giró nuevamente para quedar de espaldas y me pegó a él , sentí su erección y mis piernas temblaban, no podía respirar y me giré, nuestras caras quedaron realmente cerca y más me apretó, me apretó con tanta fuerza que gemí de placer, acercó su rostro al mio, yo estaba mareada, fuera de mi, apenas podía respirar, sentí que si me quedaba un minuto mas todo se iría al carajo. ―Lo siento, me voy. Era lo mas sensato que podía hacer en un momento como ese, si quería mantenerme firme en mis conceptos, los mismos en los cuales dudo cada vez que el me toca. ―¡Marina, espera! Él se quedó tan perdido como yo, pero con una tremenda erección, que alguna de las tres chicas que estaban ahí le ayudaría a bajar. Salí tan sofocada y tan fuera de mí, que no noté que había andado por un camino largo y oscuro yo sola y de madrugada para llegar a mi casa, no me asustaba, solo me atemorizaba el deseo tan grande que me arrastraba hacia Enzo y lo débil que se estaba volviendo mi escudo en su presencia. Su olor, su aliento y el como se sentía tenerlo tan cerca me estuvo persiguiendo toda la semana, no podía sacarme el recuerdo de sus manos sobre mi piel, de su respiración salvaje, de su claro deseo por mi y eso me estaba destrozando. Estaba parada de nuevo frente al closet para escoger ropa para ir al club, dispuesta a evitar a toda costa otra situación como aquella, asi que vestirme de forma provocativa estaba descartado por completo, terminé por ponerme un vestido n***o, ceñido al cuerpo y que terminaba justo encima de las rodillas y unos stilettos beige, yo misma quedé sorprendida por el estilo de mi ropa cuando apenas tenia quince años. Llegué al mismo club de todos los fines de semana, esa vez con mi prima mayor. ―Marina mira a tus amigos― dijo mi prima y les hizo seña para que me vieran. Obviamente se quería deshacer de mi para irse con su nuevo enamorado. ―¿Por que hiciste eso?― le pregunté por lo bajo mientras veía acercarse a Miken y Enzo. ―Marina. ¿Se puede saber qué te pasó? Te fuiste volando el sábado―. Me preguntó Miken mientras Enzo me miraba queriendo saber. ―Nada, mi primo me estaba llamando, creo, es que estaba muy borracha y no recuerdo con claridad casi nada. ―¡Ahh! ¿Estabas borracha entonces? Creo que deberías beber menos, tu eres una menor de edad, de hecho ni siquiera sé como logras entrar aquí― me dijo Enzo en tono de regaño. ―Aquí cada cual tiene sus secretos―respondí burlándome. Mi secreto era simple: mi abuela era la gerente de uno de los lugares mas exclusivos de la cuidad y por eso todos en ese lugar me conocían y el cantinero era mi padrino.
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