La noche corría mientras que los tragos iban y venían, el efecto del mojito ya me había puesto algo entusiasmada y la estaba pasando muy bien.
―¿Marina a ti te gusta Enzo? ―Me preguntó Miken en el oído aprovechando que yo estaba entretenida bailando y mirando un video en la pantalla del club.
―Sí―dije sin parar de bailar y obvio sin pensar.
¡Hay por dios! ¿Qué acabo de decir? Virgencita, que no me haya escuchado, ¡Definitivamente tengo que dejar la bebida!
No habían pasado ni diez segundos, pero los pensamientos corrieron por mi mente como un maratón, una eternidad de arrepentimientos, once meses negándome a mi misma, reprimiendo cualquier indicio de valentía, borrando evidencias y evitando encuentros peligros, casi un año de sacrificios echados a perder en una palabra, en un instante. Entré en pánico, sentía vergüenza, seria una mas del club de las rechazadas, perdería mi amistad con Enzo ¿Y si Nadia se entera? Nada bueno podía pasar en esa situación.
Lo mejor es irme de aquí
A veces me sentía como una cobarde, siempre huyendo de la realidad y de los momentos que me obligaban a enfrentarla, pero si me quedaba y era valiente pasarían cosas sin marcha atrás, cambiaría todo y tenia miedo.
Me disponía a irme en silencio, buscando el momento exacto para salir sin que nadie lo notara, pero me tomaron de la mano y me halaron lo suficientemente brusco como para dar la vuelta sobre mis pies y... Caer con mis labios en sus labios y sus manos enredadas en mi pelo. Un beso, un delicioso beso, lleno de emociones y pasión escondida. El mundo dejó de girar en cuanto nos besamos, sabia que arrepentiría, pero entonces solo quería amarlo y dejar de escapar.
―¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué cuando me gusta alguien de verdad, se me hace tan difícil? No tienes idea de cuánto me gustas, de cuanto te quiero― me dijo manteniendo su frente junto a mi rostro, y dejándome sentir su respiración incontrolada y su corazón enfurecido.
Yo no sabía que decir, ni que hacer, apenas podía mantenerme en pie, los nervios se habían adueñado de todo mi ser. ¡Él era con quien deseaba estar, no quería entregar mis besos a nadie que no fuese él, ni que me toquen otras manos! Pero, este hombre no seria nunca mío y tendría que lidiar con las consecuencias yo sola!
―Perdóname ―me dijo al ver mi claro desconcierto.
―¿Por qué?
―Por hacer esto sin dejarte opción, pero ya no puedo con las ganas de besarte, de tocarte, de dejarte saber que desde el día que te vi sentada en aquel muro me perdí en tu sonrisa. Me gustas desde hace tiempo, me gustas porque eres tú sin importar las circunstancias, porque aunque intentas esconderte tu sinceridad te delata, eres transparente, real y nunca me había encontrado a nadie con quien pudiese hablar por horas y no aburrirme, eras tan única que a veces siento que te estoy soñando. ¡Yo quiero estar contigo!
En mi vida nunca había sido tan feliz, ese hombre que en silencio había amado hasta el punto de casi volverme loca, se me estaba declarando. Pero yo seguía sin decir nada.
―Cuando Miken me dijo que yo te gustaba, disculpa, pero no quise perder más el tiempo.
―Vieron, al final tuvo que venir "acá" - interrumpió Miken mientras se señalaba― el dios Cúpido y hacer lo que ustedes no hacían, parece mentira que no fueron capaz de actuar, par de estúpidos―decía regocijándose.
―No debería ser más tu amiga, me acabas de meter en un problema ―al fin dejé salir las primeras palabras de mis labios. ―¡Me voy!― Dije mientras caminaba hasta la salida.
―¡Marina!― cogió mi mano para detenerme ―de nuevo te vas, ¡Siempre te vas! Aquel día te fuiste cuando casi nos besamos y ahora te vas después de besarnos ―señaló Enzo.
―¿Qué quieres que haga? ¿Que te diga: Sí Enzo, quiero estar contigo, vamos a estar juntos, que bonito es el amor? ¡No! La vida no es una novela, tu no tienes nada que perder y yo temo perder muchas cosas ―repliqué con tristeza y enojo.
―¡Si! Justo eso es lo que quiero, porque sé qué es lo que me quieres decir, se que te mueres por estar conmigo. ¿A qué le temes? ¿A qué?
―¿Qué le digo a Nadia?
―No le digas.
―Aunque no entiendo tu relación, tu tienes novia.
―La dejo, ¿Qué más? ¿Qué más excusa vas a poner para no entregarte a tus sentimientos? ¿Por qué no te das cuenta que solo tienes miedo?
―¿Tú en serio crees que yo podré tener una relación contigo? Te conozco demasiado como para saber que tienes talento para lastimar y eso de que los amores más sinceros vienen de hombres con corazón de piedra es pura película, tú nunca vas a cambiar.
―Déjame demostrarte que te quiero, dame una oportunidad para intentar cambiar, es verdad que no soy lo que tu quizás merezcas, pero soy y eres lo que ambos necesitamos ―me decía mientras su tono de voz iba bajando y se iba acercando a mi, pegándose cada vez más, hasta estar a un milímetro de distancia, y no pude más, no dije una palabra, solo lo besé, lo besé con toda la fuerza con la que me estaba oponiendo a dejarme amarlo, nos besamos con tanta pasión que se me olvidó que estábamos en un lugar lleno de gente , él me apretaba la cintura y sentir sus manos me excitaba más, tuve que parar, porque si seguía creo que me acostaba con él allí mismo delante de todos.
―OK― dije sofocada― Vamos a empezar poco a poco, no creo que aún pueda tener una relación contigo, hay muchas cosas que poner en orden.
―Lo que tu quieras, pero déjame aquí, justo donde estoy―. Y me dio un tierno abrazo que encerraba mucha alegría.