Eran las ocho de la noche y nadie de mi casa había llegado, yo me sentía agotada por todo lo que había pasado, así que me acosté a dormir temprano. Estaba en medio de mi sueño, cuando me empezó a faltar el aire, mi pecho se hundía y un calor inmenso me quemaba, sentí mucha presión sobre mi cuerpo, alguien estaba encima de mí. El miedo de nuevo me consumía, no quería abrir mis ojos, batallaba contra los temblores y la fatiga, por mi cabeza pasaban miles de ideas por segundo, me mantenía estática como si estuviese muerta intentando no pemsar en lo que podría pasar y estabas pasando. Fue entonces cuando sentí su lengua en mi boca y el olor me era familiar; Eric de nuevo. Abrí mis ojos llena de furia , estaba cansada de el y de sus arranques de violencia. Esto ya era la gota que había colmado el vaso; mordí su lengua con toda mi fuerza, me convertí en un pequeño monstruo ,eufórica y colérica, nunca antes había reaccionado así, pero no solté su lengua, apretaba más y más mientras el se retorcía y veía sus lágrimas salir, estuve así hasta arrancarle un pedazo, llenándome a mi y a mis sábanas de sangre.
—¡PERRA!—me gritó casi sin poder abrir la boca y mientras se tiraba de la cama y caía al suelo dando gritos y arrastrándose por el dolor.
Yo me levanté y empecé a patearlo, no lo dejaba levantarse del suelo, mientras le gritaba, lo fuí pateando hasta moverlo desde el cuarto hasta la salida, en ese momento intentó levantarse pero resbaló con su propia sangre, ya que sangraba mucho como si fuese una herida más grande, yo estaba en trance y no sabía que estaba haciendo, solo lo golpeaba sin parar, hasta que el me empezó a gritar.
—Ya Marina, por favor, para. Yo no te voy a molestar más—yo casi no lo entendía, pues tenía la boca inundada en sangre y salía salpicada cada vez que intentaba decir algo.
—Vete, vete, si vuelves, le voy a decir a mi familia y de esa no vas a quedar vivo, ellos te van a hacer cosas peores que esta.
Si vuelves por aquí no será tu lengua la que perderá un pedazo te lo juro.
El salió corriendo, y creo que está vez, ya no iba a regresar. De nuevo me eche a llorar en el piso y fue cuando me dí cuenta de que había un camino de sangre por toda la casa, ya que yo estaba durmiendo en un cuarto en la planta baja, porque me daba miedo subir a mi cuarto con la casa vacía.
¡Hay por dios van a llegar y esta casa y yo estamos llenos de sangre!
Corrí y me puse a limpiar todo bien, muy rápido y asustada de que llegaran, la verdad es que no quería contar sobre lo que había pasado, mi familia suele reaccionar bastante violenta y era una situación que se les podía salir de las manos y cometer un error, así que decidí callar.
Terminé de limpiar toda la sangre, metí las sábanas a la lavadora y me fuí a bañar. Cuando me estaba bañando sentí un ruido de la puerta abriéndose, ¡mierda, no lo puedo creer!
—¿Quién está ahí?
—Somos nosotros Marina, ¿Quien más va a ser?
Eran mis abuelos, que habían llegado. Ya me sentía segura y refugiada ,pero fué inevitable ,esa noche no pude dormir.
Siento mi teléfono sonar y corro a cogerlo, veo que es un número desconocido, lo atiendo.
—¿Si?
—Hola, mi amor.
—Enzo, eres tú.
—Ayer no te llamé porque dormí toda la mañana y en la tarde fuí a trabajar. Hoy voy para allá con unos amigos, a sentarme en el club de la playa, ve para que estés ahí conmigo.
—Esta bien, hoy no tengo planes, ¿A que hora te veo?
—Ya voy saliendo para allá, supongo que en una hora esté allí, yo te llamo.
—OK— y cuelgo.
Me apresuré a buscar que ponerme, para ir a bañarme y arreglarme. Me decidí por un vestido blanco que caía ligero sobre mi cuerpo y unas sandalias blancas y doradas. Dejé mi cabello suelto.
Mi teléfono sonó y yo, salí para el club, que quedaba cerca de mi casa y además, era el que mi abuela manejaba.Llegué y ahí estaba él, tan deslumbrante como siempre, llevaba puesto un short blanco y una camisa rosa, que lo hacía ver como un príncipe, me quedé viéndolo desde lejos hasta que el notó mi presencia.
—Mari ¿Qué haces ahí? Ven para acá.
Me senté a su lado mientras me presentaba a sus amigos, yo me sentía tímida, era la primera vez que lo veía después de habernos besado.
Comenzamos como era nuestra costumbre, una conversación divertida y fluida donde sus amigos también participaban, reíamos como locos, todo el lugar se llenó de nuestra energía, y a todos les encantaba la buena pareja que hacíamos, aunque era casi imposible saber que éramos más que amigos ya que tenemos la tendencia de no actuar como enamorados, sino, como un par de amigos que se la pasan muy bien juntos.
Se nos hizo de noche y aún estábamos ahí sentados, comenzaron a llegar un poco más de personas al lugar y dentro de ese grupo venía Eric.
—Enzo, me quiero ir —dije ya que estar en el mismo lugar que Eric me molestaba.
—¿Por qué te vas?
— Ya es tarde y no dije en mi casa que iba a demorar tanto.
—Esta bien, te acompaño.
—No, quédate, recuerda que no quiero que se sepa aún sobre lo nuestro, aquí hay mucha gente que nos conocen y si nos ven ir juntos van a sospechar.
—Como tu digas, pero llámame cuando llegues a la casa.
—Yo vivo a una cuadra de aquí, no me va a pasar nada, no te preocupes, te llamo.
Me fuí de allí, porque ver a Eric me asquea y me hacía sentir un poco de miedo, no quería que Enzo sospechara ya que se podría desencadenar un problema mayor.