¿Quien limpia sin música? Obvio yo no, sola y feliz no necesitaba mas. Bailaba concentrada en mi tarea cuando me di un susto terrible, el estaba sentado en el sofá de la sala, había entrado sin hacer ruido, recostado con comodidad mirando en silencio toda la escena como si estuviese en su casa. Su cara me dio mucho miedo, no habían buenas intensiones en su mirada furiosa.
―Eric. ¿Qué haces aquí? Pensé que te había dejado bien claro todo, no creo que tengamos mas nada que hablar, ni porque volvernos aver, ademas. ¿Como se te ocurre irrumpir así en mi casa? Vete― dije asustada.
―¿En serio tu creíste que yo no iba a hacer nada? ¡No! Tu eres mía, y no me vas a dejar. Ni creas que voy a permitir que me tires como un trapo sucio, me usas y ahora me dejas, no me jodas, eso no va a pasar―Me dijo mientras se paraba y se acercaba a mi, molesto y actuando muy raro.
―Aléjate de mi, vete por favor, mientras sea amable.
―No me voy a ir de aquí hasta que me digas que no me vas a dejar.
―Ya te dije que me perdonaras, pero que no siento nada por ti, por favor no te comportes así, no acabes con los buenos recuerdos que tenemos juntos, vamos a dejarlo todo como esta― mi miedo iba en ascenso.
―¿Qué no sientes nada por mí? Yo soy tu primero, y voy a ser tu último, tu no me vas a dejar ―me decía mientras me apretaba por las manos poniendo mucha presión.
―Me estas lastimando, no me hagas esto, yo siempre pensé en ti como una buena persona, no hagas que cambie de opinión, yo sé que tu no quieres esto.
―¿Que sabes tu sobre lo que yo quiero? nunca te importó, eres una egoísta y hoy vas a aprender que con los hombres no se juega― me gritaba mientras me apretaba por los hombros y me sacudía.
Yo empecé a llorar, me sentía aterrada, nunca lo había visto así, sus ojos estaban inyectados en odio y tenia intensiones serias de lastimarme.
―¿No quieres estar conmigo? Entérate, ya aquí tu no tienes el mando, ya no voy a ser tu perro dócil, tu eres una puta y las putas hacen lo que les manden. ― y me abofeteó, lo hizo con tanta fuerza que caí en el piso y vi que se me acercaba con la intención de volverme a pegar.
―¡Esta bien! Yo me voy a acostar contigo, pero por favor cálmate, no me golpees. ―le dije mientras me levantaba del piso.
―Pero antes déjame tomar agua y enjuagarme la boca, la tengo llena de sangre.
―¿Tienes sangre? Perdóname ¿Qué he hecho? Esto es tu culpa, tu me llevaste a hacer esto, si desde el principio te hubieses comportado bien, nada hubiera pasado. Esta bien, ve a la cocina y lávate la boca y tráeme agua a mi también.―me dijo en un tono que me dio más miedo aún.
Entré en la cocina y lavé mi boca, sumida en el asco, pero ya no en el miedo. ¡ Yo no le tengo miedo! Él no es más que un abusador y de mí, nadie abusa, él no lo notó, pero me dejó tener el control. En un arranque de valentía, tomé en mis manos un cuchillo de corte bastante grande, que tenía mi abuelo en la cocina y salí.
―¿Qué es eso? ―dijo sorprendido― pon eso en la mesa, que no vas a hacer nada, y por favor compórtate y no empeores las cosas.
―¿Sabes que fue lo que hiciste mal?― Le pregunté desafiante y apuntándole mientras movía en círculos mi mano, intentando parecer segura.
―Primero, pensar que yo te iba a tener miedo a tí―, dije sonriendo―yo nunca voy a permitir que nadie me pisotee, segundo entrar en mi casa sin ser invitado, eso se llama allanamiento ilegal de morada. Tercero golpearme e incluso quisiste violarme. ¿Tu estas loco? ¡No verdad! Y por último, olvidaste que yo soy más inteligente que tú y además, ¡Yo si estoy loca! El miedo no está en mi diccionario, en conclusión te podría apuñalar, que a mí no me va a pasar nada, solo me estoy defendiendo de un intruso que entro a mi casa.
―Marina, tu no eres capaz― me dijo ya con miedo en sus ojos.
―¿Qué no soy capaz? Ponme a prueba, da un paso más y te entierro el cuchillo. ¡SALLLLL! ―Le grité sabiéndome dueña de la situación― desaparece de mi vida, espero no verte más, la próxima vez que nos crucemos no levantes la mirada o da la vuelta y ve por otro lado. ―le decía mientras le apuntaba con el cuchillo y notaba que mi mano ni siquiera temblaba.
―Marina, por favor cálmate―me suplicó.
―¿A porque no te vas a ir? ―y empecé a acercarme a él para intimidarlo―¿Quieres salir de aquí directo para un hospital? Yo soy capaz de hacerlo.
―Esta bien, esta bien, me voy, pero por favor piensa las cosas.
―Tu en serio quieres morir, yo no tengo que pensar nada, en todo caso lo que tendría que pensar es si denunciarte en la policía porque esto es grave―le grite irritada.
―Por favor Marina a la policía no, ya yo tengo antecedentes de violencia, me pueden encerrar.
―¡CÁLLATEEE Y VETEEEE!.
Él se fue, y yo me dejé caer en el piso, no tenia idea de donde saqué tanto valor para hacer eso, no podía creer nada de lo que había pasado, ese chico que siempre me había tratado como reina, resultó ser un abusador. Estaba aterrada, me estremecía del miedo, por lo que él me había hecho y porque a mí no me tembló la mano al aguantar un cuchillo, la idea de que no temía llegar a apuñalar, me dio náuseas, pero me hizo darme cuenta de que yo sería una mujer que nunca iba a permitir que un hombre me lastimara físicamente. Una parte de mí estaba orgullosa, yo puedo defenderme sola.