Hank le pasó un arma a Ansel y este se la guardó en el bolsillo de la chaqueta. Había llegado la hora. Todos se dieron la mano. Ansel salió de la casa primero. El viento le soplo la cara y se vio a sí mismo, indiferente ante la muerte por fuera, pero temiéndole por dentro. “Voy a hacerlo.” Avanzó y habló para que Hank y Mina salieran de la casa. Mina echó la computadora en una mochila y ella y el detective salieron y caminaron más rápido por otras calles. Tenían que evitar a la policía. Siguieron avanzando. A lo lejos un rugido amenazó todo. Ansel se escondió entre las sombras y vio pasar dos motociclistas a toda velocidad. Una chica y un chico las conducían mientras lanzaban gritos a la noche. “¡ES EL GOBIERNO!”, “DESPIERTA, ARCANA”, “NOS ESTAN CHINGANDO.” Sus risotadas, su furia, pasaron

