El nombre de la mujer de pelo de fuego resonó en la computadora portátil y Hank Abad lo escuchó atento, sintiéndolo rebotar dentro de su cabeza mientras el resto de su cuerpo se quedaba vacío. Su amiga, Rita, estaba viva, pero su vida se veía amenazada justo en ese momento y Ansel se encontraba entre la espada y la pared. Todo se reducía a una bala. El pecho del infiltrado subía y bajaba con violencia. Tenía el arma levantada, apuntando a la chica. Su dedo ejercía un poco de presión sobre el gatillo y sentía que con cada segundo lo iba apretando más y más. ¿Sería capaz? Todos los miembros de El Sello miraban con los ojos muy abiertos. John seguía sonriendo, ahora con los brazos cruzados. “Hazlo” susurraron un par de personas. El rostro de Rita se había vuelto adusto y su mirada estaba fija

