A las cinco de la tarde los fuegos artificiales estallaron, dando inicio al discurso de Armando Vega. El escenario del parque había sido adornado con cortinas azules y plateadas –algo que le causó mucha gracia a Hank Abad- y la explanada estaba repleta de sillas. La gente no había dudado en acudir. Un júbilo nunca antes sentido llenó toda Arcana. La banda de guerra tocaba y las campanas del templo resonaban. Las noches secretas llegaban a su fin. Cada niño había recibido un globo para que lo soltaran al final del discurso. El canal de noticias local estaba listo para la transmisión en vivo. Armando Vega se preparaba para dar la buena noticia a todo el pueblo. Karina y Marco Coe se comían las uñas desde su casa, sin saber que en varios minutos les jugarían la jugada más chueca después del s

