Las sombras del fuego aún ardían en su mirada. Un par de quemaduras en sus brazos punzaban queriendo estallar. Estaba completamente aturdido. Luces, zumbidos, sangre, gritos. Todo se mezclaba. Las alturas le daban vértigo. ¿Quién más moriría? El humo se podía ver desde donde estaba parado y le aterraba el escalofriante pueblo ensombrecido. ¿Cómo había llegado hasta ahí? ... La urgencia por leer el caso 438 –la noche secreta- los obligó a moverse más rápido. Llegaron al hotel sin ser vistos tan solo diez minutos después de haber partido desde la casa de Hank. Doña Cecilia alzó su furtiva mirada de superioridad al escuchar la puerta abrirse. Vio a ese par que ya había conocido antes y alzó la ceja derecha. Les preguntó que qué deseaban, a pesar de la obviedad natural de las circunstancias,

