Antes de que Hank Abad tomara su pastilla para dormir con un trago de agua de la llave, pensó seriamente en lo que sería de su amigo Cormac Nava… o Rita González. ¿Qué tanto sufrimiento estaría padeciendo? Los imaginó en un desierto, cansados y sedientos. John apareció con el líquido vital y bebió frente a ellos sin darles una sola gota. Quedarse dormido en medio del llanto. Haber sido libres y ahora vivir bajo los golpes de un sádico hombre. Por eso pasaban. Y el detective no se lo perdonaba. Por su culpa estaban raptados… había sido un mensaje. Tal vez si se hubiera rendido cuando aún era a tiempo… La espinita que ahora era un filoso clavo se incrustaba en el espacio recóndito donde estuviera la conciencia. La estremecía. Sangraba. Dolía. ¿Cuánto daño más necesitaba recibir? Sabía que el

