Una densa cortina de humo oscuro se extendió por el grisáceo cielo. El viento soplaba con intensidad, como si una onda expansiva lo hubiera despertado. Las nubes comenzaron a desplazarse velozmente. El tiempo recuperó el poder sobre los seres humanos y entonces las alarmas de los camiones de bomberos retumbaron en toda Arcana. Muchas personas salieron de su casa tras escuchar el sonido que auguraba fuego. Alzaron su mirada y asimilaron que un desastre había ocurrido. “Recibe las almas que acabamos de perder” pidieron de corazón algunos devotos de Dios. Hank Abad abrió los ojos. Frente a él encontró a una Mina pasmada de terror, con un encendedor en la mano. Movió los dedos de sus manos y luego siguió con los brazos, la cabeza, el tronco, las piernas, los pies. Se echó una mirada y se tocó

