—¡Maldita sea! Ella ya debería de estar aquí, tengo las pelotas arriesgadas y esa mujer no aparece por ningún puto lado—Exasperado y frustrado estoy esperando a que la tipa a la que contratamos llegué a la empresa, mañana tengo reunión con los demás socios y debo de tener ya algo en mano.
—Bernardo, cálmate. La chica acaba de salir de administración ya que firmó el contrato indefinido, dicen que esta de infarto la italianita—dice en tono perverso Sebastián.
—Me importa una mierda, ya debería estar aquí mostrándome lo que debe de hacer para que mi empresa no se hunda, ¿Ya encontraste los proveedores de la tela que pedo ayer?—le pregunto en tono tajante a Sebastián quien me ve de soslayo y ríe sarcásticamente.
—Ya jefecito, relájate hermano, todo saldrá bien.
Terminando de decir eso veo a una rubiecita preciosa, con unas curvas de miedo y demasiado deliciosa, sin dudas se me acrecentó el bulto que llevo en la entrepierna. El contoneo de sus caderas, las piernas delicadamente enfundadas en ese enterizo rojo, moldeando sus glúteos y estilizado su figura y ese escote mostrando esos cremosos pechos ¡j***r!.
—Bu… Buenos días, perdón por la demora—.acota nerviosa respirando agitadamente.
—¿Qué tienen de Buenos?—Refutó con desdén y molestia.
—Mil disculpas, Minerva D’Angelo, ¿cierto? Soy Sebastián Jiménez, vicepresidente de ColoursFaith, bienvenida a la empresa, el CEO de esta empresa está de puta madre, discúlpalo es un imbécil—. Sebastián tratando de engancharse a la rubiales, tratando digo porque ella no le presta atención, no de ese modo.
—Gracias, sí. Mucho gusto señor Sebastián, en esta carpeta traigo los demás diseños que he realizado para la colección de hombres de este otoño, señor— me dice con esa boquita pequeña, labios carnosos color carmesí a juego con su atuendo y sus perfectos dientes pelados— Perdón por el atraso, no volverá a pasar—.
Me pasa en la mesa redonda de la sala de juntas, una carpeta color n***o con todos los diseños de trajes para hombre y de mujer para esta temporada, desde estampados sutiles hasta colores tierra, cálidos y naranjas ámbar. Me gusta demasiado el compromiso que tiene la italiana preciosa ;empero, veo como ella solamente le presta atención a su trabajo y no se da cuenta como muerde su labio inferior con frenesí.
—Te vas a hacer daño, Minerva—Acotó de inmediato.
—Perdón, me deje llevar, como les decía—empieza a hablar del increíble mundo de la moda, en sus ojos se le ven las ilusiones que lleva por dentro, con la pasión que irradian sus palabras al hablar de lo que se nota a simple vista amar, sus diseños.
Se nos va el tiempo en hablar de los diseños y la tela, debemos ver el margen de ganancias e inversiones ya que nuestros socios dijeron que la última colección había sido un asco y que despidiera a Martha Grey, nuestra diseñadora de piso ya que cuando se acostó conmigo perdió el poco juicio que le quedaba y tuve que prescindir de sus servicios tanto laborales como sexuales, en fin, veo como se me quedan viendo los dos pares de ojos que tengo de lado a lado.
—¿Qué te parece, Bernardo?— Juega con el bolígrafo con un toque cachondo el idiota de Sebas.
—Perfecto, necesito para antes de las seis de la tarde el costo completo de la colección, nombre y firma de los diseños. De esto depende tu estadía, Minerva.
—No lo voy a defraudar, señor. Algo más que desee que repasemos?—inquiete curiosa y preocupada.
—Confiaré en tu talento, puedes irte a tu oficina. Valentina mi asistente te mostrará tu espacio y a tu asistente, bienvenida—Estrecho su mano y siento como un cosquilleo recorre todo mi cuerpo acelerando el corazón, una descarga eléctrica de emociones encontradas.
—Gracias Señor Santander, con permiso, me retiro.
Se levanta de la silla que ocupaba hace unos instantes y sale contoneándose así, brutal. Cierra la puerta de vidrio de la oficina y veo como Sebastián se relame los labios como depredador al acecho, saco mi pañuelo del bolsillo y seco el sudor imaginario que me atraviesa en la frente, veo los libros de contabilidad en mi escritorio ya que debo de revisar las finanzas de la empresa junto con el auditor que llega en una hora, necesito ver la pérdida que tuve la colección pasada y hacer un plan de negocios para reparar la falla.
Sin duda soy un estúpido en apuros.
(…)
Son las cinco de la tarde con cuarenta minutos y el tic tac de las agujas del reloj, me retumban en la mente. El auditor se sorprendió al ver el tremendo déficit que dejó la colección pasada, no se promovió más y tuvimos muchos problemas al colocarlas como saldos de ropa en cualquier almacén de la república, nuestros diseños eran distinguidos y elegantes de alta costura, no podían andar por doquier pero, ante esta situación, me vi en la necesidad de rematarlos en el mercado nacional y obrero, la tela no fue de buena calidad y mucho menos los insumos como Zipper, botones, broches y demás pedrería que las prendas ameritaban.
Sacándome de mi preocupación y del borde del abismo en que me encuentro, escucho los ligeros toquidos en la puerta, de seguro es Minerva.
—Adelante, por favor—digo en tono adusto.
—Permiso señor, le tengo aquí el plan de negocios sobre la colección, firmas, colores y tipos de tela para cada prenda. Es solo que usted verifique las cotizaciones, María Ale me ayudo con la información, gracias por la asistente—habla en tono bajito y tímido, sus mejillas son dos lumbres ardientes en este momento.
—Eres muy buena en lo que haces, ponlo en el escritorio, me haz salvado el trasero—. Con una sonrisa modesta, le agradezco y ella se retira moviéndose así, jodidamente sensual.
Reviso lo que me trajo y estoy impactado, a su corta edad ella ha podido hacer una estrategia bondadosa conforme a telas, insumos y colores y estoy agradecido, ya no soy un jefe en apuros.