Isabella tenía la solución de su vida, no podía estar más feliz, sobre todo por que en este momento tenía el apoyo de su madre, y prácticamente tenía a Jetro en el bolsillo, ahora solo la cuestión de esperar que pasara. Y eso le encantaba, podría dejar por fin de bailar en ese maldito lugar que tanto detestaba, podría por fin dejar de subirse a ese maldito auto viejo que tanto aborrecía y la avergonzaba, podría dejar de entrar caminando por el estacionamiento por la vergüenza, podría dejar de hacer muchas cosas que estaba obligada a hacer, por haber nacido en un mundo sin privilegios, aquellos privilegios que por sangre le pertenecían. Caminó hasta la ventana esperando ver a Jetro en la entrada, pero se sorprendió al ver al chofer, suspiró. –pero no te puedes dormir en tus laureles. –dij

