Como ya era costumbre Andrew caminó hasta el bar y rodeo la enorme barra de mármol para tomar una botella de coñac y servirse un vaso, aquel bar personal era grande, ostentoso y frio, como todo en esa casa, tal y como lo era Andrew, este tomó entre sus manos aquella botella de cristal elegante y vertió el iquido de un marrón claro sobre un pequeño vaso y lo llevo hasta su boca para terminar de un solo trago con el licor en él. Repitió el mismo procedimiento, pero esta vez, después de sentir el liquido quemando su garganta al beberlo, lanzó con fuerza el vaso ya vació contra un muro. Este de inmediato impactó con fuerza volviéndose añicos y esparciendo sus pedazos por los azulejos grises de aquella habitación. Las cosas a Andrew no le habían salido como él esperaba, su matrimonio era una c

