CAPITULO I

1481 Palabras
ISABELLA La figura imponente de Dominic Black se proyecta como una sombra amenazante mientras avanza hacia mí. Su mandíbula está tensa, sus ojos oscuros arden con una furia que ya no me sorprende, pero que nunca deja de aterrorizarme. Cada paso que da es como un golpe de tambor en mi pecho, resonando con fuerza y marcando el compás de mi inevitable sufrimiento. —¿Acaso te empeñas en hacer todo mal? —grita, su voz grave llenando la habitación y golpeándome como un latigazo—. ¡Eres completamente inútil! "Inútil." Esa palabra, repetida como un mantra cruel, perfora mis pensamientos y siembra dudas que no puedo apartar. ¿De verdad lo soy? ¿Todo esto por haber dejado asar un poco mas la carne que él iba a comer? Mi mente se llena de su voz, de su desprecio, mientras mi corazón se retuerce con la culpa y la desesperación. —¿Me estás escuchando? —me jala del brazo, su mano fuerte y fría como el acero me aprieta con tal fuerza que siento que mi piel arde. El impacto de su bofetada me deja aturdida. La mejilla me arde, y las lágrimas, que intento reprimir, brotan sin control. Es un reflejo de mi impotencia, de mi dolor acumulado durante años. ¿Cómo llegué aquí? ¿En qué momento mi vida dejó de ser mía para convertirse en un infierno en las manos de Dominic Black? INICIO FLASHBACK El recuerdo de aquella noche vuelve con la fuerza de un huracán. —No lo entiendes, me quedaré con tu hija por la deuda que tienes conmigo—la voz de Dominic sonaba fría, inmutable, como si no hablara de una vida humana, sino de un objeto que podría tomar y desechar a su antojo. —Señor Black, por favor... Solo tiene 16 años... Se lo ruego —suplicaba, sus ojos bañados en lágrimas, casi besando sus pies en un gesto de desesperación. —Me debes una buena cantidad de euros —su sonrisa siniestra apareció, llena de desprecio—. La tomaré a ella como parte de pago. Su figura alta y fornida se proyectaba como una sombra oscura en la habitación. Sus ojos, tan negros como su corazón, parecían atravesarme. Todo en él me causó asco desde el primer momento: su risa, sus gestos, incluso el aroma a tabaco que lo rodeaba. Dominic Black, el nombre del mafioso más reconocido a nivel nacional e internacional. Un hombre que la DEA buscaba durante años y por el que estaban dispuestos a pagar millones de dólares por verlo muerto. Un hombre al que mi padre cometió el error de pedirle dinero. Un monstruo que no deja ninguna deuda sin saldar. —Tú y yo nos vamos, muñequita —su voz se metió en mi piel y me heló los huesos. Me tomó de la cadera y luego me cargó en su hombro como una marioneta. Mi cuerpo se congeló por completo; podía verlo todo, pero no podía moverme. Fui llevada hasta un auto blindado y costoso. La tapicería de cuero olía a nuevo, pero el aroma nauseabundo de su perfume mezclado con el tabaco, me hacía sentir asfixiada. Las lágrimas caían de mis ojos, pero no podía hacer nada. —Mátalos y destruye todo el lugar —su orden al teléfono fue como un choque, un golpe seco que reverberó en mi mente. Salí del otro lado de la puerta, corrí, pero las detonaciones me frenaron justo antes de entrar a mi casa. —No... No... Vi salir a dos hombres sonriendo satisfechos, sus rostros reflejaban una malicia que me llenó de rabia. Me abalancé sobre ellos como una fiera salvaje. —¡Malditos! ¡Malditos enfermos, hijos de puta! Intenté entrar después, pero uno de ellos me detuvo, con una fuerza que me hizo sentir insignificante. —¡Suéltame! ... ¡Mamá! ... ¡Papá! ...¡Nooo! Las llamas se esparcieron rápidamente, el humo empezó a inundar el lugar que algún día fue mi hogar. El calor era abrumador, el sonido del fuego crepitante, y el llanto se mezclaba con mis gritos. —¡Déjame! ¡Déjame! —me retorcí en su agarre como un gusano atrapado. —Ay, mi pequeña muñeca... —escuché la voz burlona de ese hombre a mi espalda. Volteé a mirarlo desafiante. —Desde hoy... Yo seré todo para ti. Lo único que tendrás, la única familia que conocerás. Vivirás por y para mi. -¡Pudrete, maldito enfermo! —lo insulté, escupiendo su rostro con todo el desprecio que sentía. Todos a mi alrededor palidecieron ante mi osadía. Él, en cambio, permaneció impasible, simplemente sacó un pañuelo y se limpió la cara sonriendo. Su sonrisa poco a poco se transformó en una carcajada, llena de satisfacción. —Me encanta tu valentía —murmuró para después propinarme un puñetazo en el estómago, haciéndome escupir una bocanada de sangre. Me tomó del cabello, acercando su rostro al mío, sus ojos brillaban con una locura inquietante. —Pero no me tientes, muñequita. Aún no sabes hasta donde soy capaz de llegar cuando me enojo Su amenaza es lo último que escuché, seguida de un dolor agudo en el rostro que me hizo tambalear, y luego nada... FIN FLASHBACK Ese maldito mató a mi familia y me ha mantenido como su prisionera por nueve años. He intentado escapar sin éxito. Él me mantiene vigilada 24 horas al día, como un ave enjaulada. Me convertí en su esclava... su juguete sexual...en todo menos en una persona. Soy la sombra de lo que un día fui, la mujer del mafioso que ha destruido cada rincón de mi ser. Por suerte para mí, jamás di a luz a ningún hijo suyo, ningún heredero para perpetuar su legado de odio y violencia. Desconozco la razón, pero agradezco al cielo no haber traído al mundo a un hijo de ese enfermo. El hombre al que más detesto. Esta noche fue como tantas otras. Después de golpearme con una frialdad que me eriza la piel al recordarlo, me tomó bruscamente, sin una pizca de humanidad, como si mi cuerpo fuera solo un objeto más en su colección. Y luego se fue, dejando tras de sí su olor nauseabundo y el eco de sus amenazas. Estoy sola con mis pensamientos, mi dolor y el odio que crece dentro de mí como una llama incontrolable. Ahora estoy en la bañera, con el agua casi fría, intentando arrancar su asquerosa esencia de mi cuerpo. He frotado mi piel una y otra vez, con tanta fuerza que se ha enrojecido. Es como si intentara borrar cada uno de sus toques, cada palabra venenosa, cada cicatriz invisible. Pero no puedo. Es inútil. —¡Basta! —susurro, mi voz apenas audible, ahogada entre sollozos. Rompo en llanto, vulnerable como una niña pequeña e indefensa. Extraño a mi mamá, a mi papá, . Extraño sus risas, esas caricias que me hacían sentir protegida, y el amor que creía eterno. Extraño mi libertad, esa sensación de poder respirar sin miedo. Alguna vez soñé con escapar, con construir una nueva vida lejos de todo esto, pero ese sueño murió junto con la persona que solía ser. Finalmente salgo de la bañera, con las piernas temblando por el frío y el cansancio, pero más que nada por la decisión que he tomado. No puedo seguir soportando esto. Hoy será el último día de mi vida. Camino hacia el espejo, y lo que veo me desgarra el alma. Mis ojos marrones están completamente enrojecidos, hinchados por el llanto. Mi cabello castaño, empapado, se adhiere a mi piel como un recordatorio de mi fragilidad. Pero lo que más me duele es lo que hay en mi mirada. Ya no me reconozco. —Es hora de acabar con este infierno —murmuro, sintiendo una mezcla de alivio y terror que me sacude el pecho. De un golpe seco, rompo el espejo. Los trozos caen al suelo con un estruendo, y algunos se clavan en mi mano. Pero no siento el dolor. No.... este dolor físico no es nada comparado con el tormento que llevo dentro. Recojo el pedazo más afilado, lo sostengo con firmeza y regreso a la bañera. Mi mano tiembla, pero mi decisión no. —Prefiero morir que vivir un día más como su prisionera —murmuro entre dientes, mientras las lágrimas corren libres por mis mejillas. Lentamente, hago cortes profundos y verticales en ambas muñecas. La sangre brota a borbotones, tiñendo el agua con un color carmesí. El calor de mi vida se escapa con cada segundo que pasa, y mi visión comienza a desvanecerse. Lo último que escucho es el estruendo de la puerta al abrirse violentamente, seguido de una figura negra que irrumpe en la habitación. —¡No! —grito con un hilo de voz—. Déjame morir... por favor... solo quiero morir... Y todo se apaga.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR