Esto no era lo que Vladimir había deseado, las cosas se complicaron demasiado esa tarde, no había podido sacar del renglón al actual gobernante por lo que, ahora en la carroza, se encontraba Vladimir con las dos hermanas. - No se va a arrepentir, su majestad. - pronuncia auto suficiente Magda, confiada de que puede darle todo lo que desea y más a ese príncipe, por su parte Inamori se queda sentada con su espalda recta y su mirada hacía la ventana observando el paisaje; permanece en silencio sin observar realmente a donde va, pues lo sabe, va a su perdición. - Cállate, el sonido de tu voz me irrita. - escupe siendo ignorado por Magda, quien solo esta enfrascada en sus pensamientos, ahora era una princesa, un derecho que su padre le negó cuando decidió convertirse en país democrático. - V

