CAPÍTULO XX

1158 Palabras

Al ver a Blanca asomada por la ventana y haciendo la señal de despedida supe que estaba bien. Me di la vuelta y caminé hacia mi casa. Mi mano no había dejado de doler, era vulnerable a alguna infección en la herida, me sentía como un saco de boxeo, golpeado por todos lados pero como diría mi amigo "tienes más vidas que un gato". Mientras caminaba la señora Betty dueña de una de las casas en la cual trabajo de vez en cuando, estuvo llamando a mi nombre, me preguntó el porqué no había ido más a recoger las hojas de su patio pero enseguida su mirada se quedó fija en mi mano, por un momento pensé que se acercaría a revisarla pero sólo me dijo que en un par de días daría una fiesta y necesitaba que su patio estuviera limpio, entonces me dispuse a trabajar. Mis manos comenzaban a sudar, sentí

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