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Descripción

Jean Clarkson se desarrolló en un ambiente marcado por la violencia y la hostilidad, lo que dejó una profunda impresión en su infancia y adolescencia. Desde temprana edad, su hermano fue visto como su principal adversario, avivando sus miedos y ansiedades. No obstante, estos obstáculos lo impulsaron a emprender un viaje de autodescubrimiento, donde se enfrentó a momentos de claridad y oscuridad. Escapar de su tormento cotidiano requería una valentía inmensa. A pesar de no haber merecido el sufrimiento que padecía, lo experimentó como una condena inevitable. La decisión de buscar ayuda profesional se convirtió en una de las elecciones más difíciles de su vida, y confrontar sus demonios internos dejó un sabor amargo en su existencia. ¿Qué verdad se esconde detrás de su sufrimiento?

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CAPÍTULO I
Pensé que todo sería maravilloso, darle la bienvenida al mundo a tu último hijo, un recién nacido. Mostrarle la casa y que realmente él se sienta seguro. Salir del vientre de mi madre no fue tarea fácil, aunque ella tenía 27 años cuando me dio a luz, había otros hermanos esperando por mí en lo que sería mi nuevo hogar, desconocía sus sentimientos hacía mi, ya saben llanto sin motivo aparente o con muchos de ellos, con un reloj invertido. En cuanto a mis primeros años de vida los recuerdos son bastante escasos, estudié en preescolar y la pasé bien con mis compañeros de clases, aprendí a compartir, a socializar, diferenciar y agrupar objetos según sus colores o cantidades. Todo lucía normal a mi edad, mientras estaba en casa jugaba sólo en mi habitación, no entendía el porqué lo hacía de ese modo aún cuando en la escuela era todo lo contrario. No fue sino a mis 7 años de edad que comencé a notar algo fuera de lo común, en la escuela me enseñaron el significado de "la familia" el respeto, el amor, la honestidad y comprensión; mentalmente me atreví a comparar ambos ambientes. En ocasiones me quedaba observando a mi padre sentado bebiendo de su botella de whisky en el patio de la casa, mis hermanas en sus habitaciones, mi madre sirviendo a mi padre, lo complacía pero en ningún momento escuché hablarle con amor, tal vez era su modo de demostrarse cuanto se querían, tenía duda al respecto, ella se mostró cómoda con ello o así pretendía hacernos creer. Por otro lado, mi único hermano comenzó a sentirse celoso de mi, nunca quise provocar ese sentimiento en él, su mirada era de odio, rabia, ira, todo lo negativo pude percibir de él. Me cuestionaba a mi mismo ¿Habré ocasionado ese sentir? ¿En qué momento me convertí en su enemigo?. Los días transcurrían y observaba con ello cada detalle de mi vida dentro y fuera de mi casa, no sé porqué existía la preferencia entre mis hermanos y yo, éramos hijos del mismo matrimonio. Mi madre decidió irse a vivir con mi padre cuando sólo tenía 17 años de edad, en mi opinión era muy joven, ¿Sentía profundo amor por mi padre o algo más allá ocultaba? Me preguntaba en varias oportunidades, cuando yo asistía a clases ellos se quedaban haciendo los quehaceres del hogar, era como si fuese el único hijo de quien se sentía orgulloso mi padre. Yo siempre fui un niño respetuoso y temeroso, cada vez que mi progenitor llegaba bajo los efectos del alcohol a la casa, mi madre lo esperaba asomada en la ventana, se desvelaba a diario y ella dejaba guardada la comida para él. Pensaba que entre ellos era normal, no discutían pero ese intercambio de miradas no era nada agradable. La actitud de mi hermano hacia mí se iba intensificando, él tenía un fuerte carácter, para aquel entonces no era agresivo y de igual manera sentía nervios al verlo. No tengo recuerdos en los que me encontrara jugando con ellos, es posible que nunca haya sucedido, tenía la necesidad de hablarles, comer con ellos pero solían ignorarme. Me dediqué a mis estudios, sustituí la falta de su cariño en mis libros, leía y estudiaba por horas, el ambiente dentro de la casa se agravaba con el pasar de los días, nunca pude ver a ninguno de mis hermanos tomar un cuaderno o un libro para estudiar, al poco tiempo me di cuenta de que ellos no tenían algún grado de estudio, era como si ese privilegio o derecho fuera otorgado para mí sólo. Tenía mi propia habitación, lo que necesitase en cuanto a comida y preparacion academica lo tendría sin problema alguno. Intento comprender en el mundo al cual mis padres me trajeron para vivir. Tengo dudas, suelo cuestionar mi existencia y lo peor es que no puedo hablarlo con nadie. Soy sólo un niño, jamás me creerán. No recibimos visitas, no amigos, no familiares, nadie, sólo éramos mis hermanos, mi padre, mi madre y yo. A mi corta edad debí aprender a hacerme el valiente, a mitad de la noche ir al baño al final del pasillo a oscuras, se convertía en un reto. No quería ser visto por mi único hermano, su mirada era intimidante y usualmente lo veía bajo el efecto del alcohol. En la pared de la sala había una pintura que me causaba mucho miedo. No fue pintada por algún artista famoso, creo que es por ello que me geberaba tanto escalofríos al verla. Un rojo carmesi supongo que ese sea el color de la sangre, no tienen ni la menor idea del terror que he sentido desde la primera vez que supe su orígen. Mis hermanas no opinaban al respecto, mi padre...no sé cómo expresar lo que siento por él pero de lo que si estoy seguro es que nunca fue ese tipo de amor hacía un progenitor. Tal vez no era suficiente con cubrir mis necesidades "materiales" respeto no era precisamente lo que existía de mi hacía él. Mi madre poco intervenia, muchas veces la vi llorar a solas y yo no sabía qué decir o qué hacer, guardo un amor puro por ella. Recuerdo que siempre estuvo para mis hermanos y para mí, la preferencia entre sus hijos nunca lo percibi. Sus desvelos debo decirles que fueron causados por mi hermano. A veces pienso que él se convirtió en el reflejo de mi padre y si me lo preguntan...la respuesta es ¡NO! No sería capaz de escoger entre ninguno de ellos dos, son exactamente la misma persona sólo que con un poco más de odio. He vivido en un constante temor, no sé si miedo a mi mismo o de que alguien pueda hacerme daño. Las fiestas de cumpleaños honestamente no tengo memoria de ello. Es probable que tampoco las haya tenido, me tocó madurar a la fuerza, no me refiero a golpes que la vida misma te enseña sino al hostigamiento que he recibido por parte de mi hermano y mi padre. Por alguna extraña razón al llegar de la escuela me tenían aislado de mis hermanos, era como si dentro de la familia todo fuese dividido, privilegios, juegos, lo aprendido en la escuela no lo tuve como experiencia en mi propia casa. No era un hogar, era para mí sólo una estructura, un techo para cubrirte de la lluvia y del sol, las noche solían ser frías, un dulce luego del almuerzo era mi premio, nunca observé a ninguno de mis hermanos probar uno. Era injusto para unos niños, en oportunidades sentí vivir dentro de una jaula pero yo era ese lindo pajarito al que todos buscan para darle lo mejor y a los otros tal vez le daban las sobras. La pintura que solía ver de color rojo carmesi en la pared de mi casa, el artista era mi hermano, sus ataques de ira lo llevaban al punto de quebrar vidrios de las ventanas y marcar las paredes con la sangre que corría de sus manos, yo quedaba en estado de shock, a veces intentaba ignorar lo que veía para seguir caminando hacia mi habitación y en otras ocasiones simplemente cubría mis ojos con mis manos, iba a toda velocidad tropezando con cada obstáculo. Al entrar finalmente en mi dormitorio, sentía como si mi corazón estuviese a punto de salirse de mi pecho, lloraba durante horas, no lo podía evitar, el miedo me invadia y no me permitia conciliar mi sueño. Al día siguiente debía cuidar de que mi padre no me viera a los ojos, para él era una actitud un tanto delicada como para que un niño la adoptase. ¿Llorar? Las féminas son las únicas quienes pueden hacerlo. Mi madre, ella lloraba a escondidas, lucía sumisa y la verdad no sé cómo pudo soportar esta situación. No hay un segundo en mi día en donde no me haga esas preguntas, la comida dejaba de tener ese delicioso sabor, escoger entre si jugar con mis hermanos o estar encerrado no entraba en discusión. Mi padre era como cual Rey despiadado, todo el personal de su castillo estaba a su merced y esto incluye a su esposa, quieb en este caso no era su reina sino una señora encargada del servicio y además la esclava s****l del rey. Me averguenzo de esto pero si he de contar mi historia, entonces debo hacerlo tal y como lo he vivido. En mi cumpleaños número 8 tuve un primer obsequio y si me lo preguntan...no fue de lo más especial, a esa edad no llevas a tu hijo a un lugar en donde "las mujeres" te llevan a ser hombres, no podía negarme, era un hecho que de hacerlo recibiria por parte de mi progenitor la golpiza de toda mi vida. No sé a que se debe tanta ira, su control sobre el resto de las personas era incómoda. ¿Hablarle fuerte a mi padre? Estarías firmando tu sentencia de muerte, imposible me sería actuar de ese modo con él. Mis hermanas solían hacer sus quehaceres apenas podía verlas por la hendija de la puerta. No quería salir, mi padre iba a su trabajo desde las 7.00am hasta las 6.00pm y a pesar de ser así...era como si nunca hubiera salido de casa. Mi madre no tenía comunicación con ningún integrante de su familia, si quería desahogar su frustración simplemente no se le estaba permitido. Guardar todos esos sentimientos negativos no era para nada envidiable. En oportunidades me acercaba a ella mientras lloraba, me abrazaba fuertemente, sentía miedo pude verlo en su mirada. Fue una absurda decisión pero ella desconocía las posibles consecuencias. ¿Les parecerá algo loco si les digo que mi hermano si celebraba su cumpleaños? Lo hacia, no le importaba cuan terrorifico se mostrase ante todos. El alcohol era el invitado especial y nunca dejaba la fiesta hasta asegurarse de que su efecto haya causado el peor momento. Con ello el humo del cigarrillo que ambientaba el pequeño espacio en el patio de la casa. Y ni hablar de la música, no era de mi preferencia, honestamente no sé si al escucharla todos se transformaban era algo que aún me pregunto ¿Cómo un tipo de música puede cambiar tu modo de actuar? Era como si un pequeño botón fuese accionado para dar inicio a una desgracia. Había transcurrido un año, pensé que las situaciones podrían mejorar y lamento decirles que sólo en mi mente eso ocurría. Mi hermano se convirtió en un hombre tan despreciable como mi padre, esto usualmente sucedía bajo el efecto del alcohol, les confieso que si el año trae consigo 365 a 366 días del año, para no exagerar 9 de esos días eran sobrios. ¿Pueden acaso imaginar el infierno en el cual he crecido?. He tenido tantas pésimas experiencias que superan mis 9 años de vida. Me cuestiono mi realidad y no poder hacer nada para cambiar o mejorar mi vida. En ocasiones veía a mi madre vomitar en el baño luego de tener una discusión con mi padre, no sé si sea capaz de mantenerla bajo amenaza aunque a este punto todo es posible. Mis horas felices eran fuera de casa cuando asistía a la escuela, mi padre intentaba hacerme cambiar de parecer, no entendía porque lo hacía, en un principio le agradaba la idea de que su último hijo estudiara y se graduara, todo esto según mi madre. Mis hermanas se hicieron señoritas y eso causó un enojo en mi hermano, ellas no dejaban de llorar, solían esconderse de él y pobre de mi si me atrevía a ayudarlas. De atraparme les aseguro que me hubiese golpeado, su odio hacia a mi era tal como cuando necesitas matar para sobrevivir. Nunca le hice daño, tal vez el error fue nacer, creo que jamás habría sido un motivo más que generara irritabilidad en él ni en mi padre, además hubiera sido lo mejor, no tendría que presenciar todo esto. El origen de las celebraciones era el mismo, ingerir alcohol y fumar cigarrillos. Tenía 10 años de edad y en la escuela los chicos hablaban de drogas, no las conocía hasta que mi hermano intentó probarlas, lo escuché de una de mis hermanas, sabía que sería mala idea, su coraje lo superaba, bajo el efecto de esas sustancias ilícitas, créanme que no estaría para contar la historia de mi vida. El día de las madres, en casa preparaban un banquete entre mis hermanas y mi progenitora. Un día especial, mi padre seguía trabajando y mi hermano no estaba en casa, puedo decir que se respiraba un aire tranquilo en la ausencia de ambos. Ellas lucían relajadas, unos vestidos lindos, peinados, la mesa arreglada, algunos adornos, tal vez recibiria visitas no lo sé. Eran las 6.00pm estaban contentas, tomaban para ese entonces una botella de vino, música a bajo volumen, sentadas, platicaban, reían y comían. La fiesta era para mi madre y mis hermanas, disfrutaba verlas así, no olvido sus sonrisas, algunas lágrimas, me invitaban a compartir con ellas y por supuesto que acepté. La pasabamos bien, degustaba la comida y no podía evitar que unas lágrimas salieran de mis ojos, amo a mi madre y a mis hermanas, no sé porque mi padre nos separa, ellas son buenas conmigo y yo no soy el enemigo en esta familia. Poco duró la felicidad en nuestros rostros, la puerta principal suena, alguien intentaba abrirla. Ellas recogian la mesa como si se tratase del verdugo acercándose a una de sus victimas, enseguida se dirigen a su habitación, yo me asusto así que me escondí en mi dormitorio. Escucho voces, llanto, golpes, me cubro de pies a cabeza con mi sábana, me rehuso a llorar. Unos gritos que me generan angustias, me acerco a la puerta para ver por la hendija pero el miedo me invade y me quedo a mitad de camino, entre mi cama y a unos 20 pasos para tocar la manilla. No saben lo difícil que es estar de este lado mientras escuchas cosas horribles y no saber con exactitud lo que ocurre realmente. De nuevo la puerta principal suena, conozco ese tono de voz, mi hermano llega bajo el efecto del alcohol, mi madre y hermanas exclaman con un fuerte ¡No! No sé que sucede, no me atrevo a dalir de mi cuarto, no sabía como rezar aunque a veces escuchaba a mi madre hacerlo. Me habló de un Dios, yo dudaba de su existencia, pienso que no sería la única persona en el mundo que lo hiciera. ¿Si existe, entonces porqué permite que esto suceda? ¿Si tanto ama a sus hijos porqué simplemente no se hace cargo de quienes le hacen daño a sus pequeños? Comencé a hablarle en la intimidad de mi cuarto, no sé si lo hacía de manera correcta o si él realmente me escucharia. Pasaron casi dos horas cuando dejé de escuchar esos ruidos, nada de golpes ni llantos, todo estaba bajo control, es lo que yo creía, esa noche no pude dormir. A esa edad debía divertirme cómo cualquier otro niño, me ha tocado vivir estás experiencias y de poder olvidarlas, sacarlas de mi mente, lo haría sin pensarlo dos veces. Estuve atento a cualquier movimiento, un ruido, algún llamado de emergencias, tenía ganas de ir al baño, eran pasada las 2.00am intentaba aguantar lo más que podía no sea que al salir me encuentre con mi hermano y no...definitivamente no estaba listo para enfrentarlo. Eran las 6.00am y debía prepararme para ir a mis clases, la escuela afortunadamente quedaba a unas 3 cuadras, serían al menos 15 minutos de camino, me sentía agotado. Salí del baño que estaba dentro de mi habitación, me vestí, tomé mis cosas, abrí la puerta y ahora sí...el momento al que tanto le temía. Allí estaba él, sentado frente a la puerta de mi habitación como cual vigilante pero de esos que lucen como sacados de una película de terror. Camino sin hacer sonar mi calzado en el piso, me quedo mirando fijamente para actuar de ser necesario antes que él, tiene sus ojos un poco abiertos, hay botellas alrededor, algunas de ellas quebradas, de su mano izquierda goteaba sangre...a eso...a eso le tengo pánico, sabía que una nueva pintura sobre la pared de la sala aguardaba por mí, al artista con mente retorcida le fascinaba aterrorizar a todos y muy específicamente a mí. Cubría mis ojos para no ver una de sus obras, seguí caminando hacia la puerta principal, el corazón lo sentía como si estuviese en mi garganta, la respiración me comenzaba a faltar, llego hasta la puerta principal, intento girar la manilla lentamente, no era conveniente despertarlo, noto que no es necesario porque la puerta no tenía el seguro puesto y sólo debía empujar suave para poder abrirla, estoy sudando frío, finalmente logro salir de casa. No miro hacía atrás, quiero gritar, llorar, golpear, algunas palabras de esas a las que llaman "groseras" aparecian en mi cabeza, no era un chico al que le gustara tener ese vocabulario, de mi madre nunca escuché decirlas pero sí de mi progenitor y mi hermano. No quiero ser como ellos, detesto vivir está vida, no me pongan a elegir, no estoy listo, siento miedo y sólo intento mantener mi mente distraida con mis compañeros de la escuela. Llegué al instututo, entré y caminé hacia mi grupo de amigos, era sociable pero digamos que con una cantidad fija de personas y no más de allí, los conocía y en ocasiones me hacian sentir protegido, no sé si empezaban a sospechar de lo que ocurría en mi casa, no era capaz de confesarle a nadie, ya llegará el nombre en que todo se descubra sin tener que abrir mi boca. Llevaba en mi mano un reloj, no dejaba de revisar la hora en él, era una tortura, las clases y el sonido de las agujas del reloj de pared del aula me causaban ansiedad. Para muchos pude mostrarme como un chico inseguro, lleno de problemas que me quitaban la tranquilidad y para otros el bromista pero nadie se atrevía a ver más allá de una apariencia, muchos logran mentir y el resto tal vez se traga dus propias mentiras.

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