Me sonrojé. —Bueno, es verano y ninguno de los dos ha tenido sexo desde la última semana de clases, así que quizá estemos un poco descontrolados. —No me digas—, murmuró, concentrado en conducir. Parecía estar echando las caderas hacia atrás, torpemente, como si intentara ocultar algo dentro de sus vaqueros. —No es que me oponga a que no te den sexo con chicos, claro, pero... —Ay, papi—, suspiré, interrumpiéndolo. —¿No podrías reconocerme un poco por ser cuidadoso? No soy idiota. —Lo sé—, dijo con dulzura, extendiendo la mano y apretándomela. —Pero soy tu padre y es mi trabajo y mi deber cívico preocuparme por ese tipo de cosas. Puse los ojos en blanco para impresionar. —Bueno, al menos avísame cuando encuentres una v***a que te guste, a menos que pienses seguir cortándole el pene a tod

