Mi mirada recorrió su figura musculosa, desde sus hombros anchos, brazos fuertes y pecho definido hasta su esbelta cintura con abdominales marcados y caderas fuertes... Y luego su hombría. Incluso flácida, era enorme. Me faltaban las palabras. Por suerte, a mi papá no le faltaron las palabras por una vez. Me miró con una ceja levantada. —¿Quieres tomar una foto? Parpadeé y reaccioné. —¿Qué?—, pregunté, mirándolo a la cara. —No es nada más que lo que Dios me dio, Evie, no hay nada sobrenatural en ello. —Lo dices tú —murmuré, mirándolo de nuevo—. ¿Cómo puedes siquiera caminar con esa cosa? —Bueno, ya basta de peep show—, dijo con voz firme. —Lárgate, quiero vestirme. —Vale —dije vacilante, levantándome de la cama—. Pero... papá, ¿qué hacías en el tocador de mamá? Suspiró. —Si quieres

