Capítulo 7: La chica del bar
♡o~Narra Franco~o♡
Me pesaba la puta cabeza, tenía la imagen de un Dante sin vida repitiéndome una y otra vez que fuera por su hijo, la mujer que estaba en mi casa había prometido que me ayudaría con Nicolás, y eso era bueno porque eso significaba que yo no tendría que hacerlo todo solo, me ayudaría con mi miedo de hacerme responsable de alguien más de nuevo, si la responsabilidad no era por completa mía, algo en mi cabeza me hacía sentir seguro, y con ella yo no tenía que hacer algo que no sabía cómo y Nicolás no estaría lejos, porque ella había dicho algo que yo me había negado a ver, él no tenía porqué repetir mi historia, yo podía cambiar eso y tratar de darle una vida medianamente buena, con todo lo que necesitara para vivir, un techo y comida; eso lo podía hacer.
Me di una ducha con rapidez, no me había dado cuenta de que mi aspecto era tan terrorífico, mi ojo estaba morado y casi no lo podía abrir, no dolía, pero era incómodo tener que ver por uno solo, mis nudillos estaban hechos papillas, ya estaba tan acostumbrado al dolor que para mí las heridas solo eran caricias, a mi lo que me dolía era el cochino corazón. Corazón que ya no existía o al menos eso era lo que quería creer.
Cuando bajé ya vestido y listo para irme, vi a la misma chica, no recordaba su nombre pero sí que lo había escuchado, ella estaba jugando con Bela, Zeus estaba esperando que fuera su turno para acariciarlo.
—¿Podemos llevarlos? — preguntó señalando a los perros — A Nico le hará bien verlos.
Yo solamente asentí y tomé las correas de ambos perros de la perchera que tenía al lado de la puerta, también tomé las llaves de mi coche y jugué con ellas en los manos mirandolas.
—Yo no había vivido nada, sabes — me había dicho un día Dante mientras conducía, habíamos ido por unos pañales, Nicolás tendría apenas tres meses —Ser papá ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, mi hijo cada vez está más grande y es tan hermoso.
»Ya me estoy viendo en unos años discutiendo con él sobre dejarle el coche porque ira por una nena, o tener que ir con él a dotarlo de condones para no ser abuelo tan joven — había reído con un nudo en la garganta —Al principio, cuando Kelly me había dicho que estaba embarazada, me había cagado de miedo, no quería tener un hijo en medio de la guerra, pero teniendo una mujer como Kelly sé que ella será suficiente para él mientras yo no esté. — En un semáforo en rojo me miró fijamente — Será mi última guerra.
—¿Qué?
—Será mi último servicio a la patria, porque quiero vivir una vida junto a mi hijo, quiero verlo crecer, enseñarlo a jugar fútbol, darle clases de conducción, hacer lo que papá no hizo por mi.
—Estas completamente loco — comenté soltando un pequeño bufido. —No puedes terminar tu vida solo por un niño que de grande se olvidará de ti.
—Eso solo pasa cuando los padres no están presentes, por eso quiero estarlo, no quiero ser un desconocido para él, quiero que confíe en mi. Yo nunca le negaré nada, que se quiere fumar un porro ¡Que lo haga! Pero que me diga para conseguirle de la buena y que yo lo tenga controlado para que no caiga en malos pasos, quiero ser un amigo, no un dictador.
—No sé cómo funciona la paternidad, pero me hubiera gustado tener un padre así como dices.
—Espero que mi hijo diga eso algún día.
—¿Nos vamos ya? — salí de mis pensamientos al escuchar la voz de la mujer.
—¿Cómo te llamas?
—Lía — respondió lentamente.
—Bien Lía, ¿puedes conducir? — pregunté enseñando mis llaves.
—Ehh, muy mal, pero si puedo.
—Bien, porque yo no puedo hacerlo, aún me siento mareado y dudo mucho que algún taxi nos lleve con Bela y Zeus de pasajeros.
—Esta bien, yo conduzco — cerré la puerta de entrada con seguro y abrí el garaje.
Llevaba bastante tiempo sin usar mi auto, un range rover convertible color plata nos dio la bienvenida cuando la puerta del garaje se abrió, Lía abrió la boca asombrada.
—¿Te gusta? — pregunté al verla anonadada con mi auto.
—Es asombroso — respondió acercándose a ella, abrió el auto —Subete, mejor no abrimos la capota para tener seguros a los perros.
Oculté una sonrisa, aunque ella no lo hubiera dicho, yo no habría permitido tener la capota abajo, Bela y Zeus eran una r**a de perros bastante enérgica, no dudaba de la gran posibilidad que había de que ellos saltaran del auto en movimiento y eso sí que no lo iba a permitir, ellos se subieron, ahora notaba lo grandes que estaban, se veían inmensos en la parte trasera, yo subí de copiloto y Lía fue la última en subir, se ubicó frente al volante y suspiró.
—Esto es un poco intimidante — me acomodé en el asiento y bajé el vidrio.
—¿Grande para ti? — pregunté.
—Mucho para mí — sonrió dejando ver un lindo hoyuelo en su mejilla, desvíe la mirada —Dime la dirección, no perdamos más tiempo.
—Abrocha tu cinturón — pedí, era un poco obsesionado con la seguridad.
Ella hizo lo que le pedí moviéndose un poco en el asiento, la verdad es que era gracioso verla en ese modo, se veía muy pequeña tras el volante.
—¿Puedes ayudarme? — pidió luchando con el cinturón.
Tuve que pasar mitad de mi cuerpo para el lado del conductor, mi hombro rozó con el pecho de ella y la escuché suspirar, mire su rostro y lo vi muy cerca de mi, mi mano tomó el cinturón y con agilidad lo solté y aunque podía ya tirar bien de este, me quedé unos cuantos segundos allí fingiendo que aún no podía soltarlo, no sabía qué carajos hacia ahí aspirando su aroma, pero ahí me encontraba como un estúpido alucinando por el olor a naranja que desprendía su cabello y como su respiración entrecortada pegaba contra mi pecho y al tenerla tan cerca una imagen se me vino a la cabeza.
♡o ~Narra Lía~ o♡
—¿Eres la mujer del bar? — preguntó un poco sorprendido.
No respondí porque simplemente no podía coordinar a mi lengua con mi corazón acelerado, él tan cerca de mi, me miraba esperando una respuesta y yo solo podía ver esos ojos grises, no sé qué tenían pero me infundian un poco de miedo pero tan bien seguridad, contradictorio, esa era la palabra que más lo podría descirbir.
—¿Lía?
—Dime — respondí tomando una profunda respiración.
—¿Eres la chica que chocó conmigo en el bar hace unas cuantas noches? — entendí su pregunta y algo dentro de mi pareció decepcionado, ¿No me había reconocido?
—Ah, si ¡Te me hacías conocido! — comenté fingiendo que tampoco lo había notado, no supe porque lo hice, realmente no era importante pero me sentí un poco mal.
—Claro, tu a mi también — se alejó volviendo a su asiento y yo encendí el auto.
Nicolás, Nicolás, Nicolás, repetía mi mente una y otra vez, él era lo importante en este momento, yo debía ir por él así que puse el auto en marcha.
—¿A dónde vamos? — él me indicó el camino para llegar a la casa hogar.
Quedaba a una media hora en coche, Bela y Zeus se comportaron de maravilla mientras Franco recostó su cabeza contra la ventana y se colocó unos lentes negros, al llegar al lugar Franco bajo y sacó a los perros, se notaba que estaba muy nervioso y tenía miedo de que se echara de nuevo hacia atrás y no hacerse cargo de él niño, eso me llenaba de pánico por lo que guardé la llave del auto en mi bolso como garantía de que no se fuera a ir.
—Vamos — le dije mientras tomaba la correa de Bela.
—Mejor ve tú sola, no quiero que la madre superiora me vea así.
—Estoy segura de que te ha visto peor — él hizo una mueca pero no lo negó — Sé que tienes miedo, pero te prometo que estaré acá, vamos, confía en mí.
Franco suspiró profundamente y asintió, cerró los ojos como recordándose algo así mismo y tocó la gran puerta de la parroquia, Nicolás saldría ese día y nunca más se alejaría de nosotros… bueno, más bien de él, yo solamente sería su maestra hasta que Franco decidiera si dejarlo en mi salón o llevarlo a otro colegio.