Bela y Zeus corrieron felices al volver a su casa, Franco me abrazaba por detrás y aunque era un poco difícil caminar de esa manera, nos apañabamos muy bien para entrar a la casa. —Bienvenida de nuevo, nena — susurró en mi oído dejando un beso en este haciéndome cosquillas. —Gracias, mi amor. —¿Quieres algo de tomar? —me preguntó acariciando mis hombros, gemí un poco, todo el asunto de David me tenía muy tensa y sus dedos eran magia en mis hombros. —No, gracias. Me llevó al sofá y nos recostamos en este, yo subí los pies al mueble luego de quitarme los zapatos y me recosté de lado en el espaldas, Franco estaba sentado como una persona normal y correcta, pero su cabeza estaba girada mirándome directamente, sentí que mis mejillas se ponían muy calientes. —¿Por qué me miras así? —l

