—Qué es lo que me tienes que decir? — preguntó mi hermana cuando Franco salió de la casa. —Sinceramente no tengo ni idea de lo que acaba de pasar, así que no preguntes. —Ese tipo no sabe qué más hacer para llamar tú atención — dijo David recordándome su presencia. —¡Lo sé! — exclamó mi hermana entre risas. —Esta loquito por ti pero no sabe cómo demostrarlo. —Demasiado, ¿No se te ha declarado aún? —Ay por favor, dejen de imaginar cosas en donde no las hay, solo ustedes podrían decir semejante barbaridad— me levanté de la silla y contuve el impulso de mis dedos de tocar mis labios. Aun podía sentir las cosquillas que me había provocado desde el primer momento que me besó. —¿Acaso creerás eso de que tenías chocolate en el labio? — hice una mueca y me encogí de hombros. —Es muy

