DEAN Uno a uno, ingresamos al pozo. A diferencia de cuando lo hice por Lita, no siento la humedad en mi piel ni mis pies tocan fondo; más bien, experimento una caída suave y una sensación extraña en la cabeza me indica un cambio. Ahora no me percibo cayendo, sino subiendo, y carezco de control sobre la situación. Mantengo la alerta, con mis sentidos enfocados para reaccionar ante lo desconocido. Emerjo a la superficie y me encuentro en un lugar diferente. Ahora, mis pies tocan un fondo sólido que me permite salir. El equipo me sigue, y el desconcierto en sus rostros refleja lo que siento. El entorno no emana ninguna vibración; no hay polvo, ni viento, ni vegetación. No se vislumbran paredes; es simplemente un espacio amplio envuelto en una especie de neblina baja que mantiene la temperat

