ISABELLA La luz de la luna se filtra tímidamente por las cortinas de la habitación y me facilita observar el rostro del hombre que descansa a mi lado. Su brazo reposa sobre mi cadera, asegurando mi proximidad a él y eso me hace sentir un poco mejor. Su rostro se ve cansado y sé que es por mí, vigiló mi sueño todo cuanto pudo, hasta que su propio sueño lo vence. Antes, cuando le dije que me diera un motivo para quedarme, era verdad, no sentía que tuviera una razón de peso para irme, pero el regalo del sentimiento tan abrumador en mi pecho por este hombre, si es suficiente para quedarme. —No me dejarás marcarlo, ¿Verdad? —pregunta Cloe desde el fondo de mi cabeza. —No podemos —acomodo un mechón de su cabello que cae sobre su rostro —si sobrevivimos te prometo que tendremos la rienda su

