ALFA MATTHEW —Tengo algo que hacer, espero no te incomode acompañarme —dice Isabela con algo de pena en la mirada. —No hay problema. No tengo nada más que hacer, además que aún tengo mucha curiosidad por todo lo que me pueda mostrar la chica, así que acepto sin vacilar. Estamos en un gran salón en el cual un grupo de niños entre los ocho y los doce años la están esperando. —Les dije que vendría —dice un niño de ojos grises, muy emocionado al verla. Isabella mira sorprendida la cantidad de niños, pero finalmente les sonríe y los organiza para iniciar lo que parece ser una clase. No entiendo por qué lo hace, esos niños no son lobos, no necesitan aprender técnicas de meditación, pero aquí estamos en medio de una. La chica tiene una habilidad especial para tratar a los niños y ahora qu

