NARRA WADE No sé cómo remediar todo el dolor que debe estar pasando Francisca. En el momento en que Natasha le dijo todo, pude ver sus ojos llenos de lágrimas que, por orgullo, no quiso soltar. Me sentía como un patán. —Tenemos que regresar —le digo a Natasha. Ella asiente y responde: —Espero que haya quedado claro lo que queremos —dice con tono despectivo. Francisca me dio una última mirada antes de entrar a una habitación. Me moría de ganas de consolarla, pero sentía una ancla a mi lado. Natasha me tomó de la mano y nos subimos al coche. Di un pequeño vistazo hacia atrás, con el dolor en el alma. —De una u otra forma tenía que poner en su lugar a esas mujeres —Natasha se acomodó los lentes—. ¿Y tú por qué estás tan callado? —me pregunta, pero no respondo. —Ya lo dijiste —afirmo en

