Capítulo 7

1093 Palabras
Desperté por el ruido de Chloe caminando de un lado a otro ¿Por qué se para tan temprano? - ¿A dónde vas? —Pregunté. —Voy con Aarón a comprar una pomada para Scott, el rector nos dio permiso — Dijo haciéndose una cola de caballo— ¿Puedes quedarte con él? Parece que no fue una linda noche y me siento culpable de que esté así por defensor — Asentí levantándome. Fui al cuarto de baño y yo di una ducha rápida. Me vestí rápidamente con un jeans ajustado, una camisa blanca holgada y me puse mi chaqueta de cuero. Salí junto con Chloe y fuimos rápidamente al edificio de los chicos, ella abrió la puerta de la entrada con las llaves de Aarón y entramos. Abrimos la habitación y estaba Aarón acostado junto con Scott. Se vieron terriblemente, esos imbéciles se excedieron. —Por fin llegas, vamos — Le dijo a Chloe levantándose. - ¿Cómo te sientes? —Preguntó Chloe preocupada. —He estado mejor — Sonrió ... Ni enfermo deja el sarcasmo. Ellos se fueron luego de un rato e hice un poco de café aprovechando que me gustaría en su habitación. —Creo que ya deben cambiarme la gaza del abdomen —Habló levantando su camisa. Yo tomé un sorbo de café observándolo. - ¿Deben? —Arqueé una ceja como si estuviera bromeando. —Cámbiala — Ordenó. Me está retando. Hice como si estuviera pensando. No me gusta la forma en que me pides ... Porque supongo que estás pidiendo y no ordenando — Sonreí con ironía. Él mordió su labio riendo. Este hombre es muy atractivo. —Vamos. Cámbiala, que ya me molestas, Hizo un puchero. No lo sé —Me envió en la orilla de su cama, escuché su carcajada y haló mi cintura hacia él haciendo que derramara mi café en el piso — Oye, mi café — Miré con tristeza el líquido del piso. — ¿Puedes cambiarla? En serio me molesta—Gruñó algo molesto. Sonreí ante su rostro, me agrada sus quejas de sufrimiento. —Claro, pero primero di que soy la más hermosa, sexy e inteligente de todo el maldito internado—Mantuve mi sonrisa. Él hizo una mueca. — ¿Quieres que te mienta en la cara, Ellie? —Cada vez me molesta más que me diga Ellie. Mi teléfono me interrumpe y lo agarro para contestar. — ¿Si? —Pregunté. —Hola, hija—Pareciera que me llamara solo para irritarme. — ¿Qué quieres ahora? —Quisiera ir a verte con Bianca—Me senté junto a Scotty. ¡Que ni se le ocurra! —Papá, solo ha pasado una semana—Murmuré. —No quiero verte—Confesé. —Madura ya, Ellie—Gruñí. —Cuando lo haga te llamaré—Respondí con sarcasmo. —Ellie...—Colgué la llamada. — ¿Ocurrió...?—Lo interrumpí. No me agrada la idea de que quiera meterse en mis asuntos, lo mejor es que permanezca callado. —Te cambiaré eso—Me levanté buscando las cosas que nos dio la enfermera. Él se quitó su camisa dejando mejor vista a su cuerpo tatuado. Bonitos tatuajes. Me llamó la atención que tiene la mayoría del cuerpo tatuado menos los pectorales. Parece una especie de lienzo en el que un artista famoso a plasmado su arte con un margen limitado que llega a sus pectorales. — ¿Te puedo hacer una pregunta? —Dije quitándole la gaza, él puso sus brazos atrás de su nuca acomodándose. —Ya la hiciste—Sonrió de nuevo. —Además de esa—Limpié un poco la herida con alcohol y él gruñó. —Lo que quieras—Murmuró aguantando un quejido. — ¿Por qué no te has tatuado los pectorales? —Miré sus ojos y estaba sonriendo...No es una novedad. —Porque ese espacio está reservado—Los movió y yo reí—Tatuaré el rostro de mis hijos ahí—Arqueé una ceja y luego reí. Puse una gaza nueva y me senté junto a él. — ¿Por qué te causa risa? Hablo en serio. —Por nada, Scotty...Por nada—Me levanté. No me lo imaginaba como un padre con una familia perfecta y dos hijos que cuidar, definitivamente es muy raro —Debes dejar de meterte en peleas—Agarré una botella de agua. Él rio. —Eso complacería a mi madre, ella se equivoca— Mire sus ojos verdes llegando a un tono azul. — ¿Por eso te trajeron aquí? —Murmuré dando un sorbo de agua. —Me he metido en muchos líos, prefieren encerrarme aquí que arruinar la imagen perfecta de la familia—Sonrió como si eso le alegrara— No sabes cuánto disfruto ser como soy, no pienso cambiar y está empezando a gustarme estar aquí. —Él tomó de mi agua— ¿Y tú...Por qué estás aquí? ¿En serio piensa que le contaré el por qué estoy aquí? —Porque si—Vi como pasó la lengua por sus labios. Bonita imagen. Yo me levanté poniéndome junto a su cama. — ¿No quieres decirme? —Preguntó sentándose con dificultad. —No te importa, iré a mi habitación—Me dirigí a la puerta pero él tomó mi brazo empujándome hacia la pared, me acorraló con sus brazos y mantuvo su mirada puesta en mis ojos. — ¿Qué escondes? —Susurró. —No es tu problema—Lo empujé. Fui salvada por la campana cuando Chloe y Aarón llegaron. — ¿Me extrañaron? —Pregunto Aarón bromeando. —No—Reí. —Conseguimos la pomada—Se la tiró a Scott y él la agarró observándola, miró mis ojos. — ¿Me la pones? —Preguntó sonriendo. —No soy tu maldita enfermera—Miré a Chloe—Tenemos cosas que hacer—Ella asintió recordando nuestra charla la cual tuvimos después de la fiesta. —Nos vemos luego—Ellos asintieron. Salimos y nos dirigimos al elevador. — ¿Lo conseguiste? —Pregunté. —Claro que sí, nos está esperando—Sonrió. Es hora de la venganza para los grandotes. Nos dirigimos hacia el edificio de un chico que tiene información de todo el internado y eso nos ayudará a desarrollar nuestra venganza de forma exitosa. Llegamos al edificio, tocamos su puerta y nos abrió. Miró a los lados e hizo una seña para que pasáramos. —Las esperaba, bonitas—Sonrió. —Cuéntenme ¿Qué necesitan? Soy todo oídos. —Ese es el problema, no sabemos nada, ni sus nombres, lo que sabemos es que les gusta molestar chicos nuevos y son enormes. —Le explicó Chloe. —Sé de quienes hablan—Se sentó frente a su computadora, tecleó en ella y aparecieron tres fotos, cada una era de un chico y tenía su información a un lado. —Jacob, Tyler y Jeff, están en el último año, su edificio es el número dos, Jacob y Tyler son compañeros y están en la habitación número siete y Jeff en la numero nueve. Imprimiré sus horarios—Imprimió tres hojas con toda la información. Nos las entregó y observé toda la información. — ¿Cuánto? —Preguntó Chloe sacando su dinero. —Esta vez corre por mi cuenta, bonitas—Me sonrió. Haré que se arrepientan de haberse metido con Elizabeth Margaret Murphy.
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