La madre de Nick no dejaba de mirarla. La observó largo rato, la estudio. Cada ángulo de su rostro lo examinó a conciencia, y al final solo dijo: – Sabía que eras especial desde que cruzaste la puerta de esta casa lanavidad pasada. Alex no lloró, a pesar de que sentía que algo caliente quemaba su garganta. A pesar de sentir que su mundo estaba destruido. Pero no, no iba a llorar. Ya lo había hecho durante mucho tiempo y no había servido de nada. No derramó ni una sola lágrima, se limitó a agachar la cabeza, al no soportar la mirada inquisidora de la madre de Nick. Cuando miró que Alexandra bajó la cabeza, Ann se inclinó hacía ella y puso su mano sobre los alborotados rizos de la cabellera castaña, pensando en que ella lloraría. Por la expresión de su rostro, creyó que se soltaría a desa

