Alexandra apenas tuvo tiempo de soltar la maleta y sostener a Nick, que se le había venido encima con sus más de ciento noventa libras de peso. Fue una verdadera dificultad llevarlo hasta el sillón de dos plazas que tenía en la salita, sobre todo llevando también al bebé en brazos. Pero a pesar de lo mal herido que estaba Nick, éste le ayudó mucho al hacerle más fácil el trayecto que separaban la puerta y el sofá. Nick se quedó recostado en el sillón, mientras ella subía al cuarto a poner al bebé en su cunita. Cuando Alex bajó, Nick yacía completamente rendido del dolor, en una posición no muy cómoda que digamos. – Nick, ¿qué ha pasado?– balbució acercándose a él. Nick no contestó de inmediato, se incorporó un poco, dejando al descubierto un largo corte en la piel de su costado izquierd

