Los traumas de Matthew con las mujeres son variados, empezando por su madre, pasando por su madrastra y terminando con un par de novias, una de ellas casi llega a ser su esposa y no hay día en que Matthew agradezca todo lo que pasó para que eso no sucediera.
Pero tanto su hermana como su hija desaparecen de ese universo tan siniestro. Las dos son dulces, no se van con segundas intenciones y, lo mejor o peor, es que ninguna le tiene miedo como para decirle sus verdades en la cara… y Matthew ama la verdad así, ruda, cruel y mirándolo a los ojos.
—Bienvenida, señorita López… —dice con los dientes apretados y Paloma retira su mano porque siente que en cualquier momento el hombre se la romperá.
—Gracias por la oportunidad, señor Paige… —ella se aclara la garganta y mira a Valery—. Quisiera agregar un par de condiciones.
—Lógico, de las que le dan la mano y se toma el brazo completo —protesta Matthew y Valery lo reprende con la mirada.
—No, señor Paige, pero ya que me están pidiendo que no tenga novio y que me quede aquí el primer mes, quisiera tener libres los domingos por la tarde. Sólo eso.
—Me parece justo —dice Valery, mira a su hermano y este niega.
—Sabes que mi trabajo no se detiene…
—Sólo son las tardes de los domingos, ¿en serio el trabajo es más importante que tu hija? —Matthew pone mala cara y a Paloma se le sale una sonrisa, porque es tan lindo como un Husky, pero cuando se enoja pone cara de Pug.
—Está bien… —saca su billetera, busca algo y luego le entrega una tarjeta a Paloma—. Esa tarjeta tiene cupo ilimitado, pero está clara que su salario sólo es de quince mil dólares, así que no se emocione demasiado.
—No se preocupe, señor Paige, las personas que crecimos con nada solemos quedarnos felices con poco —le dice aceptándola—. Me aseguraré de traer las facturas para que lo descuente de mi salario.
—¡Perfecto! Ya que todo está dicho, ven por aquí, Paloma. Te mostraré la casa y te explicaré todas las cosas que hace Beth. Mi sobrina tiene una inteligencia extraordinaria…
Mientras las mujeres se pierden por los pasillos de la casa, Matthew saca su teléfono y llama al abogado de la familia para que investigue a Paloma, pero su sorpresa es mayúscula cuando él le dice que ya tiene toda la vida de Paloma.
“Te lo envío de inmediato, me imagino que Valery consiguió lo que quería.
—Así que tú ya lo sabías.
“Sí, es una buena muchacha. Y se nota que Beth la quiere mucho, es increíble… casi como una hermana perdida, si fueras más viejo, pensaría que es tu hija no reconocida.
—Sabes que eso es imposible, yo no me acuesto con mujeres…
“Lo sé, eres demasiado aburrido.
—Responsable. No quiero que un día llegue una mujer diciendo que tiene un hijo mío y me saque una fortuna.
“Aburrido… como sea, ya tienes todo en tu correo. Suerte.
Matthew descarga el archivo, pero ya se la ha hecho tarde para irse al trabajo, por lo que sube para despedirse de su hija.
Valery ha llevado a la chica al segundo piso, la deja con Beth porque le entra una llamada y sale para atenderla. Paloma le pregunta a Beth qué está haciendo y la niña le explica que preparando su espacio para recibir a uno de sus tutores.
—¿Estudias en casa?
—Sí, mi padre no quiere que esté con otros niños porque son crueles y yo tengo dobles motivos para ser una potencial víctima de bullying.
—¿Y cuáles serían?
—Soy una nerd —dice con orgullo y Paloma se ríe—. Y… y no tengo mamá. ¿Tú crees que mi padre hace bien en no enviarme a la escuela? —Matthew llega a la puerta y se queda oyendo la conversación.
—Sí y no… —la pequeña se ríe y Paloma le toma las manos—. Los niños deben estar con otros niños, eso es muy cierto. Pero… entiendo que te quiera proteger. Eres una niña muy especial y no eres nerd, sólo… tienes una inteligencia más elevada que los demás y la gente suele tildarnos de cosas hirientes para disminuirnos, pero no se lo podemos permitir.
—¿Tú también eres de inteligencia elevada?
—Sí, pude terminar la escuela tres años antes, pude hacer muchas cosas, pero mi madre no tenía recursos para esas cosas especiales. Y lo agradezco, porque aprendí otras cosas… y ahora estoy contigo, cuidándote.
—Que difícil es ser nosotras, ¿no crees? —Paloma se ríe y le dice que mejor termina de prepararse para su clase, mientras Matthew siente que aquella mujer puede ser una mala influencia para Beth. Y tiene que buscar la manera más rápida y eficaz para que se vaya.
Paloma se excusa con ella para ir por algo de beber, sale sonriendo del cuarto mirando el piso porque en verdad le asusta eso de mirar la casa, por lo que termina chocando con Matthew, quien la sostiene por la cintura y ella se pierde en esos ojos oscuros.
—Lo siento, no me fijé…
—Me di cuenta —dice él con los dientes apretados. Quiere soltarla, apartarse de ella, pero ese cuerpo pequeño, tibio y tembloroso le despierta una parte que se ha guardado por años para no caer en las redes de una arpía.
—Gra-gracias —ella es quien posa sus manos en su pecho y termina poniendo distancia—. Tendré más cuidado a partir de ahora —pasa por su lado como si no lo hubiese dejado alborotado y la odia más por lo que le provoca.
Cuando se recompone un poco, entra al cuarto de su hija y la encuentra feliz, por lo que no duda en quedarse con ella haciendo un par de cosas entretenidas, hasta que ya la hora lo apresura en irse.
—Me voy, mi niña hermosa —ella se lanza a sus brazos y la llena de besos—. No olvides que te amo, si no consigo venir a la cena, te avisaré con tiempo.
—Está bien papi, sólo no te olvides de mi cuento.
—Nunca, preciosa… te amo —le deja un beso en su cabecita y sale de allí mirando su teléfono, por lo que no ve a Paloma venir con una bandeja con vasos y una jarra de jugo.
—¡Cuidado! —dice ella intentando apartarse, pero no lo consigue del todo y termina con la jarra vertida sobre ella. Matthew sólo empuña las manos porque la visión que le queda de aquella chiquilla es peor que haberla sostenida por la cintura y la primera reacción que consigue es tomarla del brazo con molestia.