Capítulo 2

1091 Palabras
En esta ocasión, Scarlett participaba en una práctica organizada por la escuela. Más de veinte estudiantes de medicina estaban en el mismo grupo, y su campamento se encontraba en un pueblo al pie de la montaña. Cuando regresó, sus compañeros ya estaban dormidos. Scarlett buscó agua para limpiarse el cuerpo. Al ver los moretones en su piel, rompió en llanto. Había conservado su virginidad durante veinte años… y ahora todo había sido destruido por un desconocido. —Lo siento, Matthew…— sollozó. Le tomó un tiempo calmarse. Llorar no resolvería nada. Ya era un hecho. No tenía intención de ocultárselo a Matthew Leysen; decidió que le diría la verdad. Había sido un accidente. Matthew la entendería, porque la amaba. Después de limpiarse, se recostó para dormir. Notó que la cama de al lado estaba vacía. Su amiga, Emma Westbrook, aún no había regresado. Emma había dicho que cenaría con un familiar en la ciudad. Tal vez era demasiado lejos para volver esa noche… Pensando en ello, Scarlett cerró los ojos y se quedó dormida. Mientras tanto… Bajo la luz de la luna, una figura desaliñada tropezaba entre los árboles. Tras asegurarse de que nadie la seguía, redujo la velocidad, se limpió el rostro y maldijo: —¡Maldito! ¿Cómo te atreves a tocarme? ¡Mírate al espejo antes de despreciar a alguien solo porque no es virgen! Al recordar a ese asqueroso hombre obeso, Emma sintió náuseas. Había planeado comer con su pariente, pero no esperaba ser acosada por un miserable del campo. De repente, pateó algo. Emma sacó su teléfono y lo iluminó. Al ver lo que había frente a ella, se quedó atónita. —¡Qué hombre tan guapo!— ¡Y además estaba completamente desnudo! Por la mañana, Scarlett se despertó de su pesadilla. Había soñado con el hombre de la noche anterior. No podía ver su rostro con claridad; él estaba sobre ella, atormentándola una y otra vez. Se obligó a calmarse, ignorando las molestias que aún sentía en el cuerpo. Ese día regresaban a la escuela tras el entrenamiento. Scarlett empacó su equipaje y llamó a Emma, al notar que aún no había vuelto. —Por favor, ayúdame a hacer las maletas primero —dijo Emma con indiferencia por teléfono antes de colgar. Sacudiendo la cabeza con impotencia, Scarlett no tuvo más remedio que ayudarla. Emma tenía demasiadas cosas y una maleta enorme, mientras que Scarlett solo llevaba una mochila y un pequeño botiquín médico. Antes de partir, Emma aún no regresaba, así que Scarlett llevó su maleta hasta el coche. El director insistía: —¿Dónde está Emma? ¡Que alguien la llame! ¡Todos la estamos esperando!— —Debería estar de vuelta pronto…— comenzó Scarlett. Emma apareció antes de que terminara la frase. Sonrió, ignorando al director enfadado, y subió al coche como si nada. Scarlett se sentó a su lado y susurró: —Emma, llegas tarde. Deberías disculparte con el director. —¿Disculparme?— Emma puso los ojos en blanco y resopló. —¿Cuál es el problema? Mira, Scarlett, mi buena suerte está por llegar. ¡No me importa ese maestro en absoluto!— Scarlett la miró sin saber qué decir. Desde los asientos cercanos, comenzaron los murmullos: —¿Viste el traje blanco de Emma? Es el último modelo de verano de Chanel. Debe ser carísimo… —Así que es rica. Qué impresionante… Al escuchar eso, Emma sonrió con satisfacción. Scarlett, en cambio, se sintió confundida. Emma no era pobre, pero tampoco tan rica. Y aunque Scarlett no prestaba atención a las marcas, sabía que Chanel era costoso, especialmente la última colección. Algo no encajaba. Emma miró a Scarlett y notó que llevaba algo en el cuello. —¿Qué es eso?— Extendió la mano y tiró del collar. El colgante redondo de cobre se veía barato. Emma lo soltó con desprecio. —Es un regalo de tu novio, ¿verdad? Puedes comprar algo así en cualquier puesto callejero. Fue entonces cuando Scarlett se dio cuenta de que ese collar se lo había puesto el hombre de la noche anterior. Su rostro palideció ligeramente. Se lo quitó sin decir nada y lo guardó en el bolsillo. Al verla así, Emma lo interpretó como confirmación y se burló: —Deberías romper con tu novio cuanto antes. Ni siquiera está dispuesto a gastar dinero en ti. ¿Eso es amor verdadero?— Scarlett frunció el ceño. —Puedo ganar mi propio dinero. ¿Por qué debería gastar el de mi novio?— Emma torció los labios, pero no respondió. Ya era mediodía cuando regresaron a la ciudad. Emma había llamado a su familia con antelación para que fueran a recogerla. Caminaba feliz, como si algo maravilloso le hubiera sucedido. Después del almuerzo, Scarlett regresó a su dormitorio. Había planeado celebrar el cumpleaños de su novio esa noche, pero después de lo ocurrido, no podía esperar. Necesitaba hablar con alguien. Y la única persona en quien confiaba era Matthew. Tras cambiarse de ropa, tomó un autobús hacia el hospital central donde él trabajaba. Era la hora del almuerzo, así que fue directamente a su oficina. Recordaba que Matthew le había dicho que ese día era el único de guardia en el departamento. De pie frente a la puerta, escuchó dos voces en el interior: una masculina y otra femenina… en una situación que la hizo sentir incómoda. —¡Basta!— Scarlett no pudo soportarlo más y abrió la puerta. Al verla, el hombre dijo: —Scarlett…— —¡Matthew! ¡Estás divirtiéndote a mis espaldas! ¿Haciendo esto en la oficina? Scarlett no podía soportar aquella escena. Nunca imaginó que Matthew la traicionaría de una manera tan descarada. Al ser descubierto, Matthew se subió los pantalones, sonrojado. —Sal primero. Hablaré contigo más tarde, ¿de acuerdo? —¿Eres tú quien no puede dar la cara y quieres que me vaya? ¿Por qué debería hacerlo? ¡Si tienes algo que decir, dilo aquí! Scarlett permaneció inmóvil, consumida por la furia. —Señorita, no se enoje tanto —dijo la mujer con desdén—. Mírate… ni siquiera pareces una mujer. Si no puedes satisfacer a un hombre, no lo culpes por buscarse a otra. Apoyada contra el escritorio, la mujer se acomodó el vestido lentamente. La parte superior estaba en su sitio, pero no llevaba nada debajo de la falda. Antes de que terminara de hablar… Scarlett avanzó y le dio una fuerte bofetada, con los ojos encendidos de ira. —¡Cállate, puta!—
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