Isabella.
Sus manos recorren lentamente mis muslos, erizando cada centímetro de mi piel.
Llega al borde de mis bragas y me siento humedecer, no se que me excita más, su toque o que no me deja de mirar por un solo segundo.
Podría jurar que no está respirando, no parpadea, estoy segura que no quiere perderse una sola reacción de lo que me está provocando.
Sigo esperando su movimiento, sus manos viajan hacia mi culo y me acerca más a él, dejándome sentir toda la dureza que tiene guardada debajo de los pantalones, haciéndome jadear cuando lo siento exactamente donde lo necesito en este momento.
Sus suaves labios caen sobre los míos, su lengua entra sin pedir permiso y yo hago un desorden en su castaño cabello.
Empiezo a mecerme sobre de él, sintiendo su erección entre mis piernas.
Lanza un delicioso gemido y cierra con fuerza los ojos.
Me toma por la nuca y acomoda mi cabeza a su antojo para seguir moliendome a besos, la mano que descansaba en mi culo sube por mi espalda haciéndome arquear hacia él, dejando mis pechos justo en su cara.
Sin esperarlo lo tengo entre mis senos y siento como inhala con fuerza, el broche de mi sujetador es abierto por su habilidosa mano.
Regresa su toque a mis senos, con delicadeza abre cada botón de la blusa y una vez que tiene la vista que desea, se relame los labios haciendo a un lado los triángulos del sujetador.
Lo miro en todo momento, creo que jamás me habían visto como me está mirando.
Cómo si fuese la mujer más hermosa del universo, cómo si fuese una diosa y él mi adorador.
Sus grises ojos caen en mí pidiendo permiso de su siguiente movimiento, se lo que desea y yo también lo deseo así que poniendo la mano en su cuello le regaló una sonrisa mientras dirijo su rostro a mi seno que clama por él.
Chupa con ferocidad, se amamanta de mi como un muerto de hambre.
Su lengua pasa por mi pezón erecto mientras su mano acaricia sin descanso el otro poniendo mis pezones dolorosamente duros.
Sigo meciendome sobre su m*****o imposiblemente más duro.
— ¡Quiero hacerte el amor! — me dice mirándome mientras sigue amasando mi carne expuesta para él.
Me siento caliente, extasiada de las sensaciones, aturdida de deseo así que no encuentro otra respuesta.
—Yo también. — sus ojos se dilatan.
Y sin mayor tapujo, su mano baja entre nosotros y acaricia mis pliegues obligándome a echar la cabeza hacia atrás.
Levanto la cadera para darle más espacio al tiempo que hace a un lado mis bragas y con dos dedos masajea mi clítoris mientras sus ojos no se apartan de mi rostro.
Me mira escrutando cada gesto, me mira como si se quisiera grabar cada imagen, cada sonido.
Quisiera decir que soy silenciosa, que me mesuro por el lugar donde estoy, pero lo cierto es que estoy gimiendo como nunca en la vida y él lo está disfrutando, tanto como yo.
Su mano se adentra más en mi hasta que abre mis pliegues y hunde lentamente un dedo en mí, mientras el talón de su mano sigue moliendo mi clítoris.
Y me hace subir rápidamente.
Tan rápidamente que ni siquiera me deja pensar en nada más, cuando siento el placer explotar en mí... echo la cabeza para atrás abriendo la boca para jalar aire.
Estoy en el éxtasis total.
Y aún no bajo del orgasmo que estoy sintiendo cuando el auto se detiene y unos pequeños golpecitos en el cristal me obligan a poner la frente en su hombro en lo que trato de recuperar la respiración normal y mi corazón deje de martillar con tanta fuerza en mi pecho.
—Hemos llegado a mi casa — dice casi susurrando en mi oído — No le dije al chófer a dónde íbamos, así que supuso que veníamos para acá. ¿Quieres entrar o prefieres que vayamos a otro lugar?
— Vamos — digo sin aún levantar la vista.
Creo si mi yo de hace un mes me viera, no creería lo que estoy haciendo, pero en este justo momento solo quiero hacer lo que deseo y claramente deseo muchísimo a este hombre.
Probablemente mañana me preguntaré ¿En qué estaba pensando?
Pero en este justo momento, solo estoy sintiendo.
Levanto la mirada y observo una dulzura indescriptible en su mirada, me arregla el sostén y cierra mi blusa mientras yo acomodo mis mojadas bragas y me ayuda. bajar de él para adentrarnos en la casa.
Es una casa preciosa, parece salida de una película, con ventanales grandes, blanca y con un portón de madera con acabados hermosos.
Él me sostiene por la cintura y me lleva a una enorme sala con una chimenea impresionante, los techos son altos y se ve inmaculada.
¡Me encanta!
— ¿Te ofrezco un trago? — Me dice cuando he tomado asiento y él toma entre sus manos una licorera de entre varias que hay en una cantina que adornan perfectamente la habitación.
— Creo que por esta noche, es suficiente con el alcohol que ya hay en mi sistema... — el suelta una pequeña carcajada y yo sonrió ampliamente al escucharlo.
Toma un sorbo del trago que se ha servido.
Yo paseo mi mirada sobre él y lo detallo.
No sé si sea la expresión correcta pero es un hombre hermoso.
Su rostro varonil, adornado por esas perlas grises que lleva por ojos, su cabello castaño con ese mechón que lo hace ver tan interesante y ese cuerpo
¡Ufff! Parece esculpido en mármol.
Se acerca a mí y se sienta a mi lado poniendo una pierna sobre el sofá y recargando el codo en el respaldo para quedar justo frente a mí.
Sigue mirándome así...
Cómo si yo fuera una ilusión, como si fuera lo más hermoso que ha visto y no me malinterpretes ¡Me encanta! Pero jamás nadie me había mirado así.
— Algo bueno debí hacer, para que esta noche una mujer tan bella como tú esté aquí, conmigo. — lo miro y sonrió.
Imitó su posición quedando frente a frente y con la mano que tengo libre acaricio ese perfecto mechón.
— Es un lunar que comparto con mi padre, él tiene el mismo. Creo que siempre me ha hecho ver mayor.
— Es perfecto...— digo sin dejar de mirar su cabello ondulado.
Regreso mis ojos a los suyos y veo ahí de nuevo el deseo que nos trajo hasta aquí.
Toma mi mejilla y se acerca lentamente mientras yo cierro los ojos esperando lo que viene.
Me besa, primero el labio inferior, con pequeños besos y luego el superior.
Entreabro los labios cuando su mano cae en mi nuca y la otra en mi cintura y él se posesiona de mis labios.
Puedo sentir el sabor del alcohol en su lengua y el calor empieza a apoderarse de mí de nuevo.
En un movimiento se levanta del sofa pone su brazo bajo mis rodillas y el otro en mi espalda.
No dejo de besarlo mientras nos conduce hacia lo que creo es su habitación en la parte superior de la casa.
Entramos a la habitación y me deja con cuidado en la mullida cama, se aleja dejándome ver su perfecto culo y su ancha espalda.
Cierra la puerta de la habitación y cuando se devuelve su mirada es pura lujuria.
Me mira en su cama y lentamente se despoja del saco y sin quitar los ojos de mí, desabotona su camisa dándome una maravillosa vista de su pecho que luce espectacular desde mi posición.
Se hinca ante mi y siento sus manos subir por mis tobillos, pantorrillas, los muslos y delicadamente abre mis piernas.
Sostengo mi peso sobre los codos y me inclino al frente para no perder detalle.
Siento mis bragas recorrer mis muslos mientras me deleito con la perfecta vista que tengo de su rostro.
Estoy expuesta ante él, no tarda en hacer su siguiente movimiento y pasa si dedo por mis pliegues encontrándome totalmente mojada.
Por instinto quiero echar la cabeza atrás, pero me resisto a dejar de ver este festín.
Sin más preámbulo me abre con su dedo pulgar e índice y atrapa mi clítoris chupando con todo de él.
Me arqueo sobre la cama y él detiene mis caderas para que no le quite lo que le alimenta con tanto placer.
Me jala hacia él, dejando mis piernas sobre sus hombros y sigue comiéndome.
Es implacable, no me deja salida.
Come y come de mí, como si fuese su postre favorito.
Lo siento venir, el orgasmo se construye tan pero tan rápidamente dentro de mi, que no puedo dejar de gemir y jadear.
Tomo su cabeza con la mano izquierda mientras la derecha acaricia sin descanso mis pezones. lo empujó hacia mí rogando que no se quite de su posición.
Toma mi clítoris en una larga succion y mete dos dedos en mi curvandolos en mi interior y sin más ¡Explotó!
Ruedo los ojos hacia atrás, mi espalda deja de tocar el colchón, abro la boca tomando aire que no entra a mi por si solo.
Y él solo espera, con sus dedos dentro de mí aún, moviendolos muy lentamente dentro y fuera de mi.
Sin salir de mí sube por mi cuerpo y me besa.
— Estoy apenas empieza — me dice acariciando mi mejilla.
En un movimiento saca sus dedos de mí, se despoja del pantalón y los boxer, lo miro y es grande.
No tengo la mayor experiencia en el sexo, el único fue... bueno él y estoy completamente segura que no hay comparación en el tamaño. Tragó saliva y aprieto los muslos sintiendo como me mojo un poco más, como si no estuviera empapada ya.
Camina a la mesita de noche dándome la vista de su redondo culo y se enfunda en un condón, todo bajo mi mirada.
Regresa a mí y toma mis rodillas abriendolas para él.
Pasea su eje endurecido por mis pliegues, poniendo especial atención en presionar el clítoris.
Se sitúa en mi abertura y lo siento entrar poco a poco, abro la boca pero no emito sonido alguno.
Me estira de una deliciosa manera. Sus embestidas son lentas pero fuertes, siento estremecerme de pies a cabeza pasea sus manos por mi cuerpo tocando mis senos, mi vientre y vuelve a acariciar mi clítoris.
Cierro los ojos por momentos
¡Quiero verlo!
Me siento embelesada de mirarlo, pero el placer me invade completamente y me obliga a cerrar los ojos y hundirme en mi propio éxtasis.
Sus estocadas suben en velocidad y fuerza, en este momento juraría que podría partirme por la mitad.
Escucho sus jadeos y ver su cuerpo y rostro perlados de sudor me pone aún más caliente.
Entra y sale de mí como si fuese mi dueño.
Me mira con tal intensidad que siento arder mi piel.
Sigue poniéndome al límite acariciando mi clítoris y lo siento venir, mis paredes lo aprietan más y más fuerte.
Echa la cabeza hacia atrás y hace un sonido bastante obsceno pero delicioso a mis oídos.
Subiendo más el ritmo de su toque y de sus estocadas me dice mirándome a los ojos — ¡Córrete en mí, hermosa! Eres un sueño hecho realidad.
Y me corro, está vez es mucho más intenso, siento como una explosión en todo mi cuerpo, tengo la mente nublada del placer.
Sale de mí únicamente para voltearme en un rápido pero gentil movimiento pone mi culo frente a él y lo siento masajearlo.
Aún no bajo al cien por ciento del orgasmo cuando entra en mi tomadome por las caderas y me penetra duro.
Muerdo lo que puedo porque siento que en cualquier momento me voy a romper en mil pedazos.
El sonido de nuestra piel húmeda chocando en nuestro centro es completamente erótico.
Me siento completamente fuera de mí, jamás había sentido tanto en el sexo, siento mi v****a palpitar y se que un nuevo orgasmo se está construyendo en mi interior.
Y como si supiera leer mis pensamientos Izar se inclina hacia mi besando mi espalda sin dejar sus empujes y toma entre dos dedos mi clítoris — Uno más, dame uno más. — gruñe con la voz enronquecida del deseo y sus dedos me trabajan, mientras su duro m*****o me destroza de la mejor manera.
Siento mis piernas temblar y el orgasmo llega avasallador, grito abriendo la boca buscando oxigeno, la vista se me ha nublado y me siento temblar en espasmos incontrolables, mientras el constructor de este erótico episodio me da una estocada dura y precisa y se corre entre deliciosos gemidos, su respiración es errática igual que la mía.
Se inclina hasta mi espalda y deja besos calidos y húmedos que me estremecen, mientras yo trato de recuperar el aliento. siento su corazón desbocado golpeteando su pecho en mi espalda.
— Recupera el aliento sueño mío, porque la noche recién empezó.
No mentía, esto solo ha sido el inicio.
Porque pasamos follando toda la jodida noche.
[...]
Despierto desorientada, me duele la maldita cabeza.
No abro los ojos, intento moverme y me duele absolutamente todo, ni siquiera tres horas de gimnasio me han provocado esto.
Y es ahí donde los recuerdos de la noche anterior llegan como un torrente indetenible a mi cabeza.
Él bailando, él besándome, él follandome.
Intento moverme y algo me detiene por la cintura y es ahí donde lo veo.
Su fuerte brazo descansando sobre mi cintura y él amoldado a mi espalda.
Siento su respiración en mi nuca y su hombría en mi culo desnudo.
¡Ay Dios mío!
¿Que me pasó anoche?
Quiero pensar que fueron las copas, pero realmente aunque si había tomado no estaba ebria.
Bajo mi vista y me encuentro con un anillo de matrimonio descansando en su mano.
Mis ojos se abren desmesuradamente cuando lo comprendo.
Me convertí en lo mismo que tanto detesto...
Me acosté con un casado.
Cierro los ojos con fuerza y con cuidado me deslizó para salir de aquí.
¡Tengo que salir de aquí!
Él se remueve un poco al quitarme por completo pero su sueño es pesado y sigue durmiendo.
Busco mi ropa en el piso y en una pequeña mesa a lado de un reclinable lo veo...
Una foto de él con su familia, una pelinegra con una hermosa sonrisa está abrazada se su cuello mientras el cargaba un pequeño bebé.
Siento que empiezo a hiperventilar, mi corazón martilla con fuerza en mi pecho y salgo de ahí como puedo.
¿Que demonios me sucede? ¿Cómo me atreví?
Son las preguntas que rondan por mi cabeza todo el camino de vuelta.