¿Es de hombre?

2433 Palabras
Isabella. Observo mi escritorio y veo el cuadro que tiene aquella foto de cuando fuimos a Miami. Detengo la mirada en mi sonrisa, realmente me veo feliz, aún puedo sentir esas emociones en mi pecho y duele, justo en este momento duele como la mierda. Sacudo la cabeza para despejar esos sentimientos ¡No más! El dolor es necesario, pero el sufrimiento es opcional y yo elijo no sufrir por un pedazo de imbecil que no tuvo las pelotas para ser honesto consigo mismo. Tomo asiento y respiro fuertemente, mientras meto el cuadro al primer cajón que está de mi lado izquierdo en el escritorio. Estoy consciente de que no va a ser fácil pero tengo que intentarlo. ¡Esta vez va por mi! No llevo ni 15 minutos sentada frente a mi computadora cuando se sopetón y haciendo entrada triunfal veo a un muy sonriente Aiken. — Me dijeron que estabas aquí y por supuesto que no lo creí — arruga la frente hacia mi, mientras yo lo miro con una pequeña sonrisa. Aiken es parte de mi minúsculo círculo social, porque aunque él es totalmente sociable, agradable, simpático y yo pues... no tanto, lo aprecio muchísimo. — Aquí trabajo por si no lo recuerdas — le digo con fingido aburrimiento, regresando la vista a mi computadora. — ¡Quiero detalles de todo! ¿Por qué regresaste tan pronto del soñado viaje de aniversario, luna de miel, cumpleaños? —Aiken no es una historia bonita — lo digo y aunque no lo deseo el nudo traicionero en mi garganta se hace presente. Aiken me mira entendiendo un poco de lo mucho que traigo a cuestas, aunque realmente no sabe nada sus ojos se suavizan. — Esto amerita un buen tarro de cerveza para que me cuentes todo ¡Shhh! — me silencia cuando abro la boca en un intento de negarme — tú no te preocupes por nada yo llamo a Lily. — me guiña el ojo y yo sabiendo que no ganaré está discusión solo asiento y Aiken se va mostrando su blanca sonrisa en señal de victoria. Fue maravilloso que Aiken y Lily hayan congeniado y ahora entre ambos ayudan a qué mi vida sea más llevadera. . [···] . Los miro parlotear y de cuando en cuando una sonrisa asoma de mis labios, mi mirada baja al tarro de cerveza y puedo mirar mi mano en el y las sortijas brillan haciendo tan chocante la imágen, pero no puedo quitar la mirada de ellas. Y es que no me explico ¿Cómo es que fui tan pero tan ciega? No vi venir nada de esto. Estoy este momento poniendo todo en retrospectiva y veo más y más señales, señales que ignore totalmente en su momento. Y sonrió para mí misma casi queriendo aplaudirme por lo ilusa y hambrienta de amor que estuve, haciendo que por 6 años idealizara a un hombre que no tenía absolutamente nada de ideal. – ¡Bueno, bueno! no venimos aquí a qué Isabella admire ese tarro de cerveza – dice Aiken rompiendo mi ensimismamiento – brindemos porque se que viene la mejor parte de tu vida Isa. Levanta su tarro mirándome tan cálidamente que siento como mis ojos se cristalizan. Quiero creerlo y lucharé por ello, por qué esto no sea un pozo sino un trampolín en mi vida. Levanto mi tarro y lo choco contra las bebidas de Lili y Aiken sin dejar que las lágrimas se desborden. Seguimos bebiendo y cada vez me siento más liviana, después de poner al tanto a Aiken de lo sucedido con Aarón, los tragos subieron en cantidad y velocidad. Ahora mismo estamos los tres bailando en la pista, cierro los ojos y me muevo al ritmo de la música, trato de no pensar en nada, solo siento los acordes de la melodía y me muevo pasando las manos por mi cuerpo y subiendolas para mover mis muñecas sobre mi cabeza. Por un momento me siento fuera de mi cuerpo, cómo si me hubiese transportado a un mundo donde no existe la mierda que existe aquí y el mareo delicioso que generó el alcohol contribuye de manera correcta a esta sensación. De pronto soy regresada a la velocidad de la luz a mi cuerpo cuando chocó con una espalda que por poco me manda al piso, pero me alcanzó a detener de la chaqueta de quién sea que me haya chocado y pronto siento unas fuertes manos sosteniendome evitando una estrepitosa caída. – ¡Cuánto lo lamento! ¿Esta usted bien? Escucho sobre la música una disculpa que es acompañada de una hipnótica masculina voz que me genera un deja vu. Giro para encontrarme con unos hermosos ojos grises que se abren desmesuradamente al reconocerme... Y dibujan en todo su rostro una innegable y hermosa sonrisa. Dos veces al piso por el mismo precioso hombre, o es mucha mala suerte o quizá alguien allá arriba quiere darme un aliciente. – ¡No puedo creer que sea de nuevo usted! – No puedo creer que haya venido hasta aquí para arrojarme de nuevo al piso – digo fingiendo seriedad en mis palabras. El hermoso hombre frente a mí, se sonroja y puedo ver qué se pone nervioso y cuando está a punto de abrir la boca para excusarse, me acerco a su oído con las dos manos en su fuerte pecho para impulsarme y le digo – Suerte que está vez no quedé de rodillas frente a medio mundo. Se sonríe y está vez miro más de cerca y noto que se le hacen un par de hoyuelos que le hacen ver más coqueto, provocando que yo también dibuje la primer sonrisa real de los últimos días. — Me llamo Izar — dice de nuevo en mi oído. — Jamás había escuchado ese nombre ¿Es de hombre? — en cuanto la pregunta sale de mi boca quiero regresarla pero no puedo, siento como me sonrojo y en respuesta recibo una fuerte carcajada por parte del ojigrís — Pues soy hombre y me llamo Izar, entonces supongo que si puede ser nombre de hombre. — niego con la cabeza apenada — ¿Cómo se llama? Lo miro por un momento y su mirada no se mueve un solo milímetro así que me acerco de nuevo a su oido — Isabella, mi nombre es Isabella Lennox. Aprovechando la cercanía gira un poco y besa mi mejilla. — Mucho gusto Isabella ¿puedo invitarle un trago para tratar de resarcir el daño de esta mañana? Asiento aún mirándolo — Pero primero vamos a bailar. Sin esperar su respuesta, lo tomo de la mano y lo adentro más hacia la pista. Bailo, bailo y bailo. No sé cuánto tiempo llevo en la pista con él, solo se que me siento como si mi piel no fuera mi piel. Me siento ligera, nos llevan tragos que él pide con señas al mesero, porque simplemente yo no quiero parar de bailar, es embriagador el ambiente y más allá de las copas, la música, el ambiente y el calor que emana el cuerpo de mi recién conocido compañero de baile, me tienen desorbitada. A lo lejos puedo ver a Lily mirarme con una sonrisa que parece que partirá en dos su rostro y le dice algo a Aiken que lo hace sonreír y mirar en mi dirección. Pero no les presto más de cinco segundos de atención, el hombre que tengo frente a mí embriaga mis fosas nasales con su perfecto aroma. Cierro los ojos y sin pizca de pudor me pego más a su cuerpo, hasta que podría jurar no podría distinguirse dónde inicia uno y termina el otro. Mi mejilla contra su pecho y siento su acelerado corazón — seguro ya se está agotando de estar en la pista– pienso para mí, pero al alzar la mirada, no hay un solo rastro de ello, me mira fijamente con los ojos dilatados, su rostro se ve serio pero emana algo más intrigante y me mira sin pudor alguno, no me deja salida a su mirada. De pronto sus ojos bajan a mis labios y se quedan ahí por dos segundos para después regresar a mis ojos. Y se lo que piensa, se lo que pasó por su mente pero no me alejo, siento mi corazón empezar a latir frenéticamente dentro de mi pecho. Los labios se me secan y los remojo levemente pasando mi lengua sobre ellos. Ese movimiento regresa su vista a mis labios, volviendo sus ojos casi negros de lo dilatados que están. No nos dejamos de mirar en ningún momento. Como si estuviésemos sincronizados, él baja la cabeza acercando sus labios a los míos, al tiempo que estos se entreabren para recibirlo. No estoy segura si él inicio o lo hice yo, pero al sentir sus suaves y carnosos labios tocar los míos, algo se enciende dentro de mí. No es tímido en lo absoluto, me besa como si fuese mi dueño, chupa mi labio inferior y yo cierro los ojos con fuerza al tener este tumulto de sensaciones y voy por su cuello entrelazando mis manos en el y es lo único que necesitaba para que su lengua se adueñe de mí. Su beso es arrasador, cada movimiento de su lengua sobre la mía manda electricidad a mi centro humedeciendolo un poco más con el pasar de los segundos. Me desprendo de su boca en búsqueda de oxígeno y miro sus labios rojos e hinchados, entreabiertos casi jadeando, con el deseo en la mirada, seguramente luzco igual. Nunca me había sentido tan caliente con un solo beso, aprieto los muslos porque el vacío entre mis piernas duele en este momento. Justo cuando voy a decir algo, siento una mano que se posa en mi hombro haciéndome girar. Lily. — Isa... — me mira ocultando una sonrisita— lamento interrumpir. Solo quiero avisarte que tenemos intención de irnos en unos minutos, mañana hay que volver a la esclavitud. — su sonrisa se ensancha. — ¡Oh entiendo! claro... — comienzo a divagar tratando de poner en orden mis pensamientos y a mis hormonas — entonces creo que me retiro. — Permíteme llevarte a casa — dice el ojigrís acercándose a mí, mientras yo siento como la piel se me pone de gallina. — No te molestes yo... —Es que no es ninguna molestia — me interrumpe — de verdad me sentiría más tranquilo si te pudiera llevar... llevarlos. — dice regresando su mirada a Lily. La mirada de Lily es casi un poema, mirando de Izar a mí y con esa sonrisa que parece le romperá los músculos de la cara. — ¡Oh no! No es necesario, puede llevar únicamente a Isabella, yo prefiero irme con Aiken para que no conduzca solo. — Perdone, he sido un desatento, mi nombre es Izar Messina. Extiende la mano para presentarse con mi amiga mientras yo sigo mirándolos como si solo fuera espectadora de una película y no participante. — Lily Velarde un gusto. — me mira— entonces nos vemos en casa. — besa mi mejilla — chao. Y simplemente se da la vuelta. ¿Que demonios paso aquí? Si señoras y señores mi mejor amiga junto con mi mejor amigo se van dejándome ahí. Tal vez pensando que quiero follar con este cautivador hombre... Y bueno hace unos segundos todo mi cuerpo lo pedía pero... — ¿Quieres irte ya o prefieres esperar? — dice rompiendo el diálogo que estaba teniendo conmigo misma. — ¿Eh? — ¿Que rayos me sucede? Parezco estúpida sin poder articular palabra, siempre soy elocuente y en este momento tal parece que necesito clases de lenguaje urgentes. Me aclaro la garganta para ganar un poco de tiempo y reconectar mi lengua con el cerebro — Creo que lo correcto es que ya me vaya. — Muy bien, entonces vamos. Me dice tomándome por la cintura y conduciendome entre la gente hacia el parqueadero. Caminamos y en todo momento siento su mirada sobre mí. Me sorprende ver llegar un Escalade blanca se ve muy lujosa, el conductor se baja a abrirnos la puerta y regresa a conducir. — ¿Es tu chófer? — Así es... ¿Porqué tu cara de asombro?— me dice con una pequeña sonrisa sentado a lado mío. — Pues no te ves del tipo que tenga chófer — alza una ceja, no se si sorprendido por la afirmación que hago u ofendido... espero sea la primera. — ¿Entonces de que tipo me veo? — Del tipo que cuando se quita el traje, maneja un descapotable n***o, un deportivo que te haga lucir más guapo. — ¡Mierda! veo su sonrisa ensancharse y siento que me descoloca de nuevo. — ¿Osea que te doy la imagen de un rebelde debajo de un traje? — sonríe de medio lado y se ve tan endemoniadamente sexi. Sus ojos van a mis labios y no se ¿Qué carajos me sucede? Porque no ocupo absolutamente nada más, solo ese gesto me lanza sobre de él. No se más que el nombre de este hombre y sin en cambio deseo tanto sentirlo que casi no me reconozco. Estoy casi encima de él, con los brazos rodeando su cuello y mi mano despeinando su ondulado cabello castaño. Él me recibe más que gustoso, sus brazos rodean mi cintura mientras sus labios me muelen a besos, su lengua penetrandome deliciosamente y danzando con la mía, llevandome al borde de la locura. Siento sus dedos jugar con la piel expuesta entre la falda y la blusa. Cuando su mano se aventura a entrar por debajo de mi blusa y toma firmemente mi cintura mientras sus dedos acarician la piel de mi espalda, simplemente lo pierdo. En un brusco movimiento, me subo a horcajadas sobre él. La falda se sube por mis muslos hasta que casi se descubren por completo, el escote de la blusa queda ante sus ojos, y veo en su mirada que no hará ningún movimiento hasta que yo lo autorice. Mirándolo fijamente lamo levemente mi labio inferior y lo atrapó entre mis dientes. Sus ojos persiguen ese movimiento y regresan a mis ojos y justo ahí le doy el pequeño asentimiento que es lo único que necesita para que su mano mueva algo en la puerta y se escuche una ventana subir. De reojo noto que es un cristal que nos divide del chófer, dejándonos en total privacidad. En cuanto se escucha que el cristal ha llegado a tope, mi piel se eriza anticipando lo que viene.
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