-NO, por supuesto que no me cubriré -espetó Ricardo - no estaba molesto, estaba sorprendido de la reacción de la señorita Santori, hacía menos de una hora, lo había besado en los labios y ahora estaba avergonzada por verlo semidesnudo. Estaba fascinado con esa chica dulce y a la vez audaz que llevaba un vestido con estampado de flores y zapatos de anciana. La mejillas se le habían puesto rojas de golpe. Era una mujer adulta y estaba reaccionando como una niña. Aquello era tan extraño como atrayente. -¡Por favor cúbrase! -suplicó sin mirarlo. Dejó la rosa y el diario sobre el tocador y caminó a zancadas hacia la cama. -Usted ha entrado a mi habitación sin llamar a la puerta, no puede venir a darme órdenes - ella ignoró eso, solo cogió la sábana de la cama y se la arrojó encima –Ricard

