Ricardo se dio media vuelta, y echó una mirada ende rededor, en otras circunstancias hubiese ido tras la señorita Santori y la hubiese puesto en su lugar por abusar de aquella forma, pero pensó en lo que ella pensaría de él y trató de controlarse. Dejó salir un suspiro de alivio al ver el cuaderno tirado en el suelo. Lo levantó y se quedó contemplándolo. AL DÍA SIGUIENTE Eran las seis, las seis en punto de la tarde y Ricardo se había cambiado de ropa tres veces. No sabía qué tenía que ponerse para su cita falsa con Mirella Santori; ella no le había dado detalles de a dónde irían, no tenía claro si se trataba de una salida a un lugar formal o informal, no sabía se debía vestir un traje o vaqueros. No sabía nada de Mirella, pesó que tenía que saber un poco más acerca de ella, tal vez

