Ricardo sentía que iba a explotarle la cabeza. Abrió los ojos y los cerró al sentir los rayos de luz perforando sus pupilas. El dolor era insoportable. Se frotó el rostro e hizo un esfuerzo sobrehumano para ponerse de pie. Una resaca no era la gran cosa para Ricardo Marroquín, estaba acostumbrado, pero aquello no era una resaca normal, era diferente. Olía a vómito y no sabía decir si era su propio vómito o el de su acompañante. El cabello castaño cubría el rostro de la chica. Ricardo corrió al baño, aquella no era su habitación, ni siquiera estaba en su hotel, era un lugar barato y deprimente. Los azulejos estaban cubiertos por una desagradable capa de sarro, el lavado tenía manchas de óxido y el agua que salía del grifo era escaza y amarillenta. Volvió a la habitación, era toda gris, l

