Gustavo conducía por el desierto, estaba agotado, se le cerraban los ojos. No había dormido nada y ya había conducido tres horas, llegaría a las Vegas para el medio día. A pesar del agotamiento, se sentía aliviado, optimista. Estaba cada vez más cerca de librarse de Zackary Lincoln, la suerte le había sonreído, todo ocurrió sin planificarlo, cada pieza había encajado de forma perfecta en aquel rompe cabezas y él aun no se lo podía creer. La noche anterior había conducido hasta la casa de Sharon. Las pequeñas casitas de colores vibrantes seguían iguales que en su memoria, tal vez la calle estaba más iluminada que antaño, pero no era un gran cambio, el mismo grupito en la esquina, eran rostros diferentes, víctimas nuevas para el negocio, pero al final, eran los mismos, cumplían su funci

