CAPÍTULO 30

1436 Palabras

La casa del señor Marroquín parecía más grande, sola y oscura que la última vez que había estado ahí. Las paredes y pisos blancos no resplandecían tanto y esa alfombra en medio del salón parecía estar cubierta por una fina capa de polvo. Todo estaba cómo antes, los retratos sobre la chimenea, el enorme televisor que nadie usaba y las estanterías llenas de libros, todo era igual, pero se sentía diferente. Tal vez no era la casa lo que había cambiado, tal vez era Serena la que no era la misma. -La ayudaré con esto -susurró el chofer que había permanecido en silencio al lado de ella. -Yo puedo -contestó Serena apretando con fuerza la manilla de la maleta, dio unos pasos apresurados hacia la escalera, huía de la presencia de ese hombre al que no conocía, pero que ya consideraba peligroso,

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