Miedo

1641 Palabras
Estuvimos en la oficina desde que el sol de asomo y no salimos hasta este momento en el que nos dirigimos a Afraid para cumplir la misión. Todo quedo en orden desde antes de salir pero aun con eso puedo notar la inseguridad de Alec y los nervios que intenta ocultar. Sé de antemano que no está de acuerdo con que ayude y cuando decidimos que posiciones tomaríamos esto solo aumento junto con los nervios que en este momento carga. El plan es sencillo: Alec y yo entraremos al lugar pretendiendo ser una pareja que busca alguna diversión s****l, pasaremos el rato en el lugar, después buscaremos a Michael y lo invitaremos a estar con nosotros, tomaremos las llaves de su oficina y yo me encargare de mantenerlo ocupado, es decir, yo seré la distracción, y Alec se encargara de tomar la libreta donde lleva todos los registros de los clientes que visitan el lugar y saldremos del lugar sin chitar. Todo tendría que ser fácil, pero el nerviosismo de Alec se está colando en mi sistema y eso no ayuda mucho. Un letrero luminoso en color azul, nos indica que llegamos al lugar adecuado, tomo la mano de Alexander para intentar tranquilizarlo. —Todo estará bien. —Apeguémonos al plan Asiento y nos adentramos al lugar. La música resulta ensordecedora desde el primer instante, las luces resultan cegadoras y el calor y cuerpos del lugar hacen que me sienta sofocado, mis ojos viajan por todo el lugar y regresan a Alec luego de un minuto. Caminamos abriéndonos paso entre la multitud para encontrarnos en medio de la pista, alrededor de varias personas que bailan, se besan e incluso tocan frente a todos, olvidaba que en este lugar no existe el pudor ni el miedo al que dirán, este lugar es solo para disfrutar y dejarse llevar. —Deberíamos bailar o pareceremos sospechosos si solo nos quedamos parados sin hacer nada. —Si... Nos movemos al ritmo de la música, demasiado cerca el uno del otro. Soy capaz de sentir el calor que emite su cuerpo, de observar sus ojos azules, sus facciones. Estamos tan perdidos en nosotros que olvidamos la misión, la razón por la que estamos aquí; solo somos capaces de concentrarnos en nosotros como si nada más existiera. Una de sus manos viaja a través de mi brazo, enviado una oleada de escalofríos, para luego deslizarse hasta rodear mi cintura y acercarme más a él, como si eso fuera posible, yo por mi parte subo una de mis mano por su pecho, sintiendo su trabajado abdomen a través de su playera, acariciando su cuello hasta llegar a su nuca y comenzar a acercarlo a mí. Alec me supera en estatura por lo que al estar en esta posición, mi cara queda en ese hueco entre su cuello y sus clavículas y sin saber qué es lo que me impulsa, beso su cuello, primero de forma suave, dándome el tiempo de sentir su suave y caliente piel contra mis labios, aspirando el olor que deja su loción y olor de su piel, poco a poco voy subiendo, dejando besos húmedo por su cuello, Alec jadea antes de tomarme del cabello, tirando así atrás de forma que puedo verlo sin problemas y se acerca a mis labios. Antes de que podamos perdernos en el beso, una chica que pasa llorando y aventando gente no sacas de nuestra burbuja y es entonces cuando recordamos por qué estamos aquí. Nos alejamos sin perder ni un solo momento el contacto visual y le indico con la cabeza que me siga. Lo guio por un largo pasillo iluminado por luces rojas que le dan un aspecto tétrico, hasta llegar a una de las puertas resguardadas por un guardia. —Vengo a ver a Michael. Dígale que soy Magnus. El hombre asiente de inmediato y entra a la oficina. No pasa ni medio minuto cuando Michael tal como lo recuerdo, con el cabello obscuro, los ojos avellana y el porte de empresario, se asoma por la puerta y me saludo con un abrazo y me planta un beso francés, por el rabillo del ojo puedo ver como Alec se tensa de inmediato y aparta la mirada como si fuera un tercero en la relación. — ¡Magnus! ¡Querido! Cuanto tiempo que no pasabas. —Si bueno, las cosas con Imassu se acabaron y ya no vi la necesidad de venir. —Imassu fue un tonto al dejarte ir — Acaricia mis costados y me acerca más a él. —Ja, pero yo fui feliz de que lo hiciera. — Me separo de él y tomo la mano de Alexander. — Quiero presentarte a Thomas, mi novio. —Oh! Vaya si hubiera sabido que era tu novio no te hubiera besado hace unos momentos. — Eso no importa Michael de hecho... quería pasar ya sabes... la noche... Tom... no conoce nada esto y yo le prometí que en su cumpleaños le haría tocar el cielo con un buen sexo, me gustaría que experimentara algo nuevo y solo pude pensar en una persona para ese trabajo. ¿Qué dices? —Que estaría encantado querido, sígueme. Miro de reojo a Alexander y hago que me siga. Michael camina solo un par de puertas más hasta llegar a una habitación bastante elegante y con pared llena de juguetes sexuales de cualquier tipo. Este hombre nunca pierde el tiempo. Freno en seco cuando Alec se detiene en la puerta, puede ver el miedo en su mirada y lo único que atino a hacer es jalarlo dentro y cerrar la puerta, no podemos parar el plan con lo bien que va. —Todo ira mi amor, confía en mí Debí sonar como Imassu, me asquea solo de pensarlo, aun cuando el significado es otro. —Si... Su voz sale casi en un susurro. Michael me toma de la chaqueta y me besa de forma agresiva mordiendo y succionando mis labios, comienza a bajar por mi cuello, mordiendo algunas parte, partes que más tarde obtendrán un color violeta, comienzo a quitar su saco cuando siento el movimiento de las llaves dentro de él, jalo su cabello y lo atraigo a mis labios para besarlo con la misma rudeza y lo voy guiando a la cama hasta dejarlo caer en él y justo en ese momento con una rápida maniobra y con el ruido de nuestros cuerpos cayendo sobre el colchón tomo las llaves con una mano y con la otra tomo su rostro para mantenerlo con los ojos fijos en mi antes de seguir besándolo y e ir dejando un camino de besos húmedos en su cuello. Los jadeos por su parte no se hacen esperar y sumando a esto la música, hacen que pueda ocultar el ruido que hacen las llaves en mi mano. —Tom...— Jadeo alejándome un poco de Michael para mirarlo. Alec se acerca como si no supiera que hacer y con sonrojo que cubre toda su cara. —Acércate. Sin pensarlo mucho lo tomo de la chaqueta y lo beso con toda la pasión que tengo, me regresa el beso de forma inmediata y me acerca más, dejando que sus manos viajen a través de mi espalda, tomo una de sus manos y paso las llaves de forma discreta. Cuando Michael me jala para tumbarme en el colchón Alec se aleja como si estuviera a punto de tener un ataque de pánico. —Magnus yo... yo no puedo... lo siento. —Tom, mi amor, ven aquí... disfrutemos de esta noche. —No, lo siento. Gira y sale por la puerta no sin antes darme una mirada, yo asiento de forma discreta y es cuando Michael regresa su atención a mí y comienza a sacarme la chamarra. Debo darle largas y aguantar hasta que Alec regrese y nos saque de este lugar. **** Pov Alec. "Dos puertas luego del lugar donde encontremos a Michael, esa es la oficina. " Tarareo las palabras de Magnus una y otra vez hasta llegar a la puerta indicada. No puedo quitarme de la cabeza la imagen de Magnus con ese hombre, como lo besaba, como lo tocaba, como lo marcaba... los celos me invaden y solo me puedo centrar en hacer todo lo más rápido que posible antes de que otra cosa pase entre Magnus y ese hombre. Abro la oficina con las llaves que Magnus me dio luego de ese beso y entro sin pensarlo mucho, me dirijo al cajón que Magnus índico y estaba en lo correcto. Una libreta en color tinto se asoma en cuanto abro el cajón y sé que es la libreta indicada porque Magnus la describió de la misma forma cuando trazamos el plan, reviso un poco más y sin perder el tiempo tomo unas memorias USB que están sobre el escritorio. —Lo tengo. Salgo rápidamente de la oficina y corro a la habitación en la que deje a Magnus. En cuanto abro la puerta, el color abandona mi cara. Magnus esta boca arriba ya sin camisa y sin pantalones, solo con los boxers , Michael esta incado frente a él, con sus manos al borde de la prenda. Magnus se ve jadeante como si estuviera disfrutando, pero cuando sus ojos se topan con los míos veo como las lágrimas amenazan con salir. —Magnus vámonos. ¡Ahora! No sé si es el tono de mi voz o la mirada que les lanzo pero Michael se separa al momento de él y Magnus se levanta y coloca sus ropas lo más rápido que el temblor de sus manos se lo permite. — ¿Qué demonios? —Michael comienza a reclamar. — ¡Cierra la maldita boca! — Le lanzo las llaves — Gracias por eso Tomo a Magnus de la mano y con una última mirada a Michael, salimos casi corriendo del lugar.
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