no confiar

1331 Palabras
—¿Qué fue lo qué pasó? Magnus está en el centro de la cama, con la cobija aferrada a sus manos y las rodillas pegadas a su pecho. No me mira, mantiene la mirada gacha como si estuviera avergonzado de lo que sucedió hace apenas dos horas. Un médico vino a verlo de inmediato, por obvias razones no mencionamos ningún intento de suicidio, solo dijimos que no se sentía bien y el doctor lo reviso de pies a cabeza llegando a la conclusión de que estaba en perfectas condiciones, solo un poco bajo de su peso pero nada de que preocuparse. —Lo siento. —Debes dejar de disculparte y decirme que sucedió. —Sube un poco la mirada para observarme por unos segundos. —Sabes... es mejor que descanses mañana a primera hora hablaremos de esto. Doy por terminada la conversación y me dispongo a salir cuando su voz que no es más que un susurro me llama. —Alec... ¿Puedes dormir conmigo?—Su pregunta me toma por sorpresa, apenas unos minutos antes no podía ni mirarme y ahora me pide que pase la noche con él. —Si no quieres, yo lo entiendo. —No, está bien. Me acerco a la cama y me coloco en la otra esquina, evitando todo contacto con Magnus y apagó la luz de la lámpara, quedando en una completa obscuridad. —No muerdo Alec... ¿lo sabes? —La última vez que estuve cerca de ti en esta habitación, básicamente me echaste. —Aún lo siento por eso. Pero ahora mismo no quiero que estes tan lejos. Me acerco a él aún con miedo de que en cualquier momento intente salir corriendo de nuevo. Cuando estoy lo suficientemente cerca, siento como Magnus se acomoda en mi pecho como si fuera algo de lo más cotidiano. —No soy el único con secretos ¿Verdad? —Me tensó de inmediato ante esas palabras. —El hombre de los espejos mencionó algo de otra persona, mientras estábamos en mi casa e intentaba matarme. —Si... prometo contártelo si tú me cuentas como te sientes y el porqué de lo que hiciste. ¿Que dices? —Me parece justo. Un silencio inunda la habitación. Solo los latidos de nuestros corazones se escuchan e incluso pienso que Magnus se ha quedado dormido. —Supere el número de cosas horribles que pueden pasarme en un año, luego de esto debería darme un tiempo... Mientras estuve encerrado, tuve tiempo de pensar muchas cosas, por ejemplo, imaginé mil y un formas de como me encontrarían, que dirían los encabezados de las noticias, fue una experiencia que me encantaría olvidar Alec... pero que ambos sabemos no pasará. —Suspira pesadamente antes de continuar. — En cualquier lugar lo veo, cada que cierro que los ojos lo recuerdo, recuerdo los golpes, sus horribles besos, las marcas que dejo en mi, sus abusos. ¿Sabes? Es como si su recuerdo estuviera destinado a vivir conmigo por toda la eternidad y jamás fuera a tener la oportunidad de deshacerme de él. Y créeme que lo intento cada día, trato de sonreír, de distraerme, intento volver a ser yo de a poco; el problema es que cuando me veo en el espejo, lo único que veo es... esto, esto que soy ahora, a este Magnus, que vive asustado y en el pasado, sin poder avanzar. Yo no soy ese hombre y odio cada vez que me regresa la mirada, como si se estuviera burlando de mi. Tal vez el hombre de los espejo no me mato, pero si mato mi espíritu y se encargó de romper mi alma y... yo no se como arreglar eso, simplemente no puedo. —Magnus yo.... —No Alec, déjame terminar o no se si tendré el valor de volver a decirlo una vez que pare. No se que decir. Jamás pensé que Magnus estuviera bien luego de lo qué pasó, pero nunca creí que se sintiera de esa forma, como si estuviera solo. —Lo qué pasó hoy, fue mi punto límite. Cuando estuve con Michael no es que tuviera miedo de tener sexo con él, al contrario creí que si eso pasaba, podría ayudarme, Imassu siempre decía que un buen sexo te hace olvidar todo. —Ríe por lo bajo, como si recordara — Pero eso no fue exactamente lo qué pasó. Si, lo estaba disfrutando pero llego un momento en el que comencé a recordar, todo llego de repente y entonces no supe que hacer, solo rogué porque llegarás pronto. Dicho esto, cuando llegamos, la primera intención era verdad, de verdad quería un baño para quitarme todo lo que había pasado hace unas horas, pero... una vez entre, vi las pastillas y pensé "¿porque no? A nadie le importo, solo causó daño, probablemente si terminó con esto sea mejor" y solo lo hice, no lo pensé, cerré la puerta del baño y me tragué todas las pastillas, una paz me embargó por completo y se sentía bien. Pensé que había muerto hasta que sentí el agua fría golpearme y las múltiples arcadas y entonces, como por arte de magia yo estaba de nuevo contigo, en tus brazos... Te odie por lo que hiciste en ese momento, porque de verdad deseaba morir y tu lo arruinaste, pero en el fondo... te estaba agradeciendo por llegar y salvar mi vida, de nuevo, porque aún con todo, no quiero morir, solo estoy aterrado. —Magnus... —No quiero que me tengas lástima Alec, solo quiero que seas como siempre has sido conmigo, no me trates como a algo de porcelana, porque créeme luego de lo qué pasó, soy todo menos de porcelana. —Lo se, jamás creí que lo fueras, desde el momento en que te rescate. Eres más fuerte de lo que piensas Magnus y quiero que sepas que en donde tu ves tristeza en ti yo no veo mas que fortaleza. Lo que hiciste hoy para ayudarnos con el caso de Verónica fue muy valiente y te lo agradesco, por ti estamos un paso más cerca de ella, de salvarla, gracias a ti. —No se si dices esas cosas para hacerme sentir mejor, pero funcionan. —No lo digo por eso, lo digo porque son verdad Magnus. Siento como Magnus se aferra más a mi. Y la sensación que me da me llena de felicidad. —Lamentó lo qué pasó el otro día... —¿Que cosa? —El beso... y no me arrepiento de besarte porque era algo que deseaba hacer, me arrepiento de lo que vino después. Solo.... no sabia como actuar. —¿Porque no? No era nada malo, yo también lo quería. Me tomo la libertad de comenzar a acariciar su espalda, trazando pequeños círculos en ella. —No era el hecho de que fuera algo malo Alec, es solo... tu eres el detective a cargo del caso, todas las notas y cartas del hombre de los espejos van dirigidas a ti, no se debe ser un genio para saber que ese hombre sabe cosas sobre ti y que lo que hace es solo para ti, vives en un riesgo constante Alec... no puedes darte el lujo de agregar más riesgos a tu vida, en este caso uno con nombre Magnus y apellido Bane. —Puede que tengas razón, pero yo lo quiero y tú no tienes nada de que preocuparte, puedo cuidarme solo. —Lo se. —En este momento, la única persona que me interesa cuidar está aquí, conmigo. Y eso es todo lo que importa. —Gracias. —Me abraza y hunde su cabeza en mi cuello.— Creo que cumplí mi parte del trato... es tu turno. No quiero hablar de eso. Odio siquiera tener que decirlo todo en voz alta, suficiente tengo con repasar la historia todos los días en mi cabeza, pero Magnus me contó todo, confió en mi, debo regresarle la confianza de la misma forma. —Su nombre era Wes.
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